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SOCIEDAD

¿A punto de llegar y nunca cruzas la meta?

Que tengan proyectos y metas que no se cumplen o que se vuelven lejanos es normal, lo malo es cuando esto se hace repetitivo

¿Por qué se frustran continuamente nuestros proyectos?

Cuando de manera repetida se frustran tus proyectos, especialmente cuando parece que lo tienes todo resuelto, es hora de dejar de culpar a la casualidad o a la Diosa Fortuna.

Más que una mala estrategia, que ya la habrías notado y corregido porque retraso mental no tienes, es muy probable que se trate de algo que habita en tu inconsciente.

Regularmente podemos encontrar la causa de esto en creencias acerca de nuestro ser.

Nos catalogamos como seres malos, defectuosos, indignos, causantes de males familiares o personales o como tontos o estúpidos.

Derivado de estas creencias se genera la idea que no merecemos: el éxito, la felicidad, la paz interior o la plenitud porque somos indignos.

¿Qué ejemplos tenemos de las cosas que se frustran?

Propósitos como dejar de fumar, bajar de peso o hacer ejercicio.

Todos buscan un bienestar para uno mismo (deseo consciente), pero muchas veces se abandonan y las cosas incluso tienden a empeorar (castigo inconsciente).

Metas profesionales, escolares o que tienen que ver con logros económicos.

Acabar una carrera, titularte, seguir estudiando, ahorrar, invertir.

Se te pasan las fechas, nunca tienes tiempo o todo te lo gastas y siempre te sientes en carencia.

Te quejas, claro, porque aseguras que realmente quieres estar mejor, pero la realidad es que no consigues estabilizarte o alcanzar las metas por más que te lo propones.

Las causas que te lo impiden suelen ser pretextos sin importancia o fugas de tiempo o dinero en cosas que no son realmente necesarias.

Te pasas compulsivamente el tiempo en las redes sociales, te comprometes a gastos que no tienes la capacidad de pagar, etc.

Una relación sana y enredarte en relaciones incompletas o insatisfactorias.

Con personas comprometidas, personas que no tiene tiempo para ti, con quien te maltrata, te ignora o simplemente no te quiere en la misma medida que tú.

Relaciones intermitentes, de rebote o con personas que son muy distintas a lo que tú eres.

¿Qué efectos tiene en nuestra vida creer que no merecemos algo bueno?

Frustración, ansiedad, depresión y/o desesperación.

Estados de carencia o queja constantes.

Nada te alcanza, todo esta mal, el futuro es negro.

Descuidos personales a nivel de salud, economía o relaciones.

No atiendes oportunamente signos y síntomas de una pobre salud, sobrepeso, descuido de tu salud mental o de las personas que frecuentas.

Sentimiento de vergüenza por ser una persona fallida o incompleta.

Tratar de cumplir expectativas de otros o las que creemos que para nuestra edad deberíamos haber alcanzado, aún y cuando no vayan alineadas con lo que realmente queremos.

Casarse, tener hijos, tener un negocio propio, una casa propia, etc.

Permanecer estancado en un estatus social, laboral o familiar.

Ser siempre el que trae los refrescos, el que “aguanta vara” o quien debe conformarse con malas relaciones.

Pero yo no creo no merecer y aún así no ve va bien.

Claro que no, porque suelen ser creencias que se arraigaron desde la infancia y que se siguieron fortaleciendo con evidencia sesgada.

Como cuando algo te salía bien, o bien era obra de la casualidad o incluso no le dabas la importancia que tenía; cuando algo te salía mal, era la evidencia contundente de tu insuficiencia como persona y entonces te merecías ese resultado como una especie de castigo.

Estas creencias habitan en nuestro inconsciente y no se hacen explícitas con palabras, sino con acciones o actitudes, en este caso, hacia nosotros mismos y nuestro desempeño.

Como a los que les enseñaron que a esta vida se viene a sufrir, que es un valle de lágrimas y que nuestra recompensa está en el más allá, siempre que en el “más acá” hayamos sufrido lo suficiente.

Las etiquetas que nos ponemos y las historias que nos contamos

Desde la infancia ocupamos un lugar y una etiqueta en la familia.

La latosa, el gordo, el de enmedio, el listo, la buena para bailar, el dormilón, el travieso, la berrinchuda, etc.

Esas etiquetas determinan no sólo la manera en que nos ven, sino cómo nos enseñan a mirarnos y eventualmente a mostrarnos a los demás.

Pero también nos hacemos historietas.

A mí me querían menos, el consentido era mi hermano, a mí los reyes nunca me traían lo que les pedía, éramos muy pobres, mi papá nos abandonó, mi hermana era la bonita, fui hijo único y estuve sólo.

¿Entonces conviene creer que somos especiales y todo lo merecemos?

No, porque no lo somos.

Somos uno más, pero uno más que cuenta.

Cada uno merece el resultado de sus acciones, pero sin muchas acciones no deberíamos esperar grandes resultados, al menos no positivos.

Todos tenemos derecho a vivir y subsistir, pero a esta vida hemos venido no sólo a eso, sino además a florecer, prosperar y de alguna manera trascender a través de nuestras acciones y logros.

¿Cuando crea que merezco las cosas voy a ser súper exitoso, famoso y millonario?

Pensemos que inicialmente te vas a sentir más ligero, más libre, más dueño de tu propia vida y más merecedor de obtener los resultados de tu esfuerzo y tus avances.

¿Qué hacer entonces?

Checa constantemente tus creencias, actitudes y cosas que te dices, especialmente cuando las cosas van mal e incluso aquellas que parezca que “sólo las dices de broma”.

“Otra raya más al tigre”, “ya nada más falta que me orine un perro”, “estoy salado”, son frases que quizá encierren tra de sí creencias inconscientes de merecer un castigo.

Cambia las historietas que aprendiste a creer por frases más objetivas y útiles.

En vez de decirte “yo era el menos querido”, sé más objetivo y entonces serás, por ejemplo, uno de cuatro hermanos y que fuiste el tercero en nacer.

Reemplaza el “esto me pasa por idiota” con un “qué tengo que aprender de esto para que no me vuelva a pasar”.

Cambia un “me merezco esto malo” por algo como “¿qué acciones me acercarán a lo que realmente merezco?”

Ten paciencia porque esto es un proceso y tendrás múltiples recaídas, pero retoma el camino.

Se trata de re entrenar a tu mente a empezar a pensar distinto para tener diferentes resultados y viceversa.

Si crees, objetivamente, que todo fue tan malo como lo crees, entonces pregúntate qué podrías empezar a hacer, y a dejar de hacer, para empezar a trazar un camino distinto para tu vida.

¿Qué le dirías a tu mejor amigo de sí mismo si te contara que no puede alcanzar sus metas porque no cree que las merezca?

Si no tienes idea por dónde empezar con todo esto, entonces busca ayuda mediante alguna propuesta grupal o individual para trabajar con temas de tu infancia o autoestima.

Es hora de integrar al niño que pudiste haber sido con la versión adulta de quien hoy eres.

  

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