Por contaminación la laguna de Bacalar está perdiendo sus siete colores

El turismo masivo está acabando con la laguna de Bacalar, en Quintana Roo, después de haber sido un lugar secreto por muchos años

La contaminación del agua está poniendo en riesgo nuestra vida y encima estamos perdiendo lugares naturales de gran importancia.

Hace unos días The New York Times sacó un reportaje sobre la problemática que actualmente esta teniendo la laguna de Bacalar.

 Jacqui McGrath solía nadar con su bebé de cinco meses en la laguna de Bacalar, en Quintana Roo.

Todo marchaba bien, hasta que el pequeño presentó un cuadro de diarrea y giardia, un parásito que se aloja en el intestino delgado, la madre no entendía la causa pues solo alimentaba a su hijo con su leche materna.

La madre, una médica homeópata de 46 años que vivía en Estados Unidos, tuvo que habitar en Bacalar a causa de su servicio social, empezó a trabajar en el Hospital General de Chetumal.

En su trabajo atendió varios casos provocados por la contaminación del agua tanto en los residentes como en los turistas.

Luego de hacer varios estudios fue confirmado que la diarrea era provocada por bacterias, amebas y la giardia.

McGrath se percató que su bebé tenía estos síntomas cuando tenía la rutina de baño en la laguna.

Esta situación hizo que la mujer tuviera el interés de formar parte de la organización Agua Clara Ciudadanos por Bacalar.

Está conformado por varios profesionales, cada quince días se organizan para analizar la calidad del agua.

Anteriormente Bacalar era un lugar secreto pues muy poco sabían de su existencia, es un municipio de un poco más de 11,000 habitantes, hace poco tenía pocas calles pavimentadas se podía apreciar un ambiente tranquilo, alejado del ruido y del turismo.

Todo iba bien hasta que en 2007 Bacalar fue declarado Pueblo Mágico por la Secretaría de Turismo, poco a poco se fue posicionando entre las rutas de guías de viajes olvidando su anonimato.

A los turistas les empezó a llamar la atención pues aparte de ser un lugar mágico, estaba rodeado de naturaleza, bellos cenotes, atardeceres, pero sobre todo un sitio lejos de la inseguridad y ruido.

De hecho en el último feriado de Semana Santa Bacalar alcanzó su máxima capacidad hotelera.

El éxito que ha tenido este lugar en lo turístico es sorprendente, pero no contemplaron el aumento de desechos que sobrepasan la capacidad de infraestructura de la ciudad.

Entre las cosas que ahora abundan, es la basura, los desperdicios agrícolas, la contaminación por drenaje. El turismo es lo que están poniendo en riesgo el equilibrio del lugar.

No se diga en época de lluvia, todo se vuelve un desastre pues el agua rebasa y forma ríos negros que desembocan en la Laguna de los Siete Colores.

“En la península de Yucatán, una de las principales características a considerar es el tipo de suelo kárstico y su origen marino, ya que es altamente poroso y permite la infiltración fácilmente. Esto, por lo tanto, tiene implicaciones en la contaminación del acuífero, es decir, las aguas subterráneas”, explica Caballero Hernández.

La contaminación por aguas residuales es uno de los principales problemas en Bacalar, pues ocasiona la proliferación de microalgas y otros organismos coliformes.

“Estos organismos obstruyen la luz y pueden ser infecciosos; ambas situaciones ponen en riesgo la salud humana y la conservación de otras especies”, asegura el biólogo. “Al contaminar de esta forma estamos permitiendo que estos organismos aumenten, que cambien las dinámicas propias de la laguna y de los organismos que ahí viven y por lo tanto se ven afectados”.

La laguna ya tiene el 45 por ciento ocupado por residencias particulares, no existe un buen manejo de sus aguas negras ni cuidado de las fosas sépticas.

Si visitas por vez primera Bacalar será muy difícil que notes la problemática que tiene la laguna, pues los que son residentes o aquellos que tuvieron el privilegio de visitarla hace cinco años sabían que sus siete colores era su principal característica y ahora han ido desapareciendo.

Incluso la investigadora, Luisa Falcón que dirige el Laboratorio de Ecología Bacteriana del Instituto de Ecología de la UNAM, asegura que desde el 2015 cuando iniciaron las visitas masivas, hubo momentos en que la laguna perdió sus siete colores y se volvió completamente verde.

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