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Nada que celebrar, sigue la lucha: madres de desaparecidos

El tener un hijo desaparecido, les cambia la vida constantemente

La vida les dio el mayor regalo, desde el vientre hasta mirar esos ojos que las iluminaban todos los días, sus hijos. Los vieron crecer, limpiaron sus heridas, lágrimas, animándolos a enfrentar la vida sin miedo sin imaginar que este sería un compañero de varios años. Y es que viven un infierno, la zozobra de por qué no regresaron a casa, dónde están y lo peor cuándo regresarán.

Antes salían a la calle a pasear, hoy a exigir que sean atendidas después de cambiar su labor de amas de casa o profesionistas para convertirse en rastreadoras y hacer el trabajo que las autoridades evaden. Ella es Mirna Nereida de Sinaloa, quien después de tres años cumplió su promesa a su hijo Roberto, buscarlo hasta encontrarlo, aunque fuera sin vida.

“A mí las autoridades me dijeron que no buscaban, algo me decía que yo lo tenía que encontrar y salí a buscarlo, me organicé con mi familia para buscarlo por las orillas de los montes, del Río, los caminos laterales, rastreando… al principio nosotros empezamos de una forma muy burda, muy rústica, una pala, un machete, un palo de escoba con punta para meterlo en un lugar donde se pudiera introducir, sacarlos y olerlo, y si veíamos que pudiéramos escarbar y en el 90% encontrábamos un cuerpo, un tesoro”.

Muchas no tienen esa suerte y junto a sus hermanas de tragedia, siguen investigando y excavando aunque los representantes de la justicia les afirmen que sus hijos se buscaron su destino, ella es Flor del colectivo el Solecito Veracruz.

“Muy doloroso y muy difícil porque pues estás sola, para las autoridades desgraciadamente la palabra desaparecido no existe y lo único que hacen es que te victimizan o te dicen que tu hijo desapareció porque es delincuente, aunque así fuera creo que no tienen por qué desaparecerlo, por qué quitarles la identidad, desde entonces estamos en una lucha constante”.

Su hijo Daniel Suárez desapareció en diciembre de 2014 al salir a una reunión con otros amigos, actualmente dijo tiene 25 años. En esta agrupación un 10 de mayo recibieron un regalo para encontrar 287 cuerpos.

“Con ayuda de criminales en una marcha de 10 de mayo nos entregaron un mapa donde decía vayan a buscar a sus hijos, es un regalo que les damos, así fue como dimos con Colinas de Santa Fe. Es una brigada de búsqueda que nos ha costado a nosotras lo mantenemos a base de rifas, basares de ropa y vendemos, con donaciones de la gente y así es como juntamos dinero. No creo en los políticos, nosotros tenemos el problema en Veracruz que para el gobernador no existen los desaparecidos, no nos ayuda nadie”.

El tener un hijo desaparecido, les cambia la vida constantemente así nos platicó Fabiola madre de Argenis Josemar de 20 años. El 16 de marzo de 2014 en Xalapa, Veracruz, él se dirigía a visitar a unos compañeros de trabajo, en un día de balacera y movimiento policiaco, no volvió.

“Cambian fiscales, cambian todo, entonces ministeriales y es volver a empezar. Los que los buscamos realmente somos los familiares porque a nosotros sí nos hace falta nuestros hijos, es como si te faltara una pierna, un brazo, es tu corazón que no lo tienes, ya no hay vida social ni personal, la pasas entre carreteras, en reuniones se te va la vida. Es que haya algún medio que me diga le tomo la foto a tu hijo, y la publico eso es lo que para mi cuenta, porque no sé si mi hijo está por ahí o alguien le dice que tu mamá te está buscando y te sigue buscando, es mi mayor propósito que él sepa que lo estoy buscando, si está vivo”.

Según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas hay 32.277 personas desaparecidas o, como dice el informe, “sin localizar”, de ellos el 73,7% son hombres y el 26,3% mujeres. De acuerdo a la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, en los últimos 12 años se reportaron al menos cinco mil 452 menores en esta condición la mayoría niñas. A pesar de los números las madres suplican que no vean a sus hijos como una cifra más.

Angélica Rodríguez Monroy proviene de Morelos, pero busca a Viridiana Anaid Morales, en el Estado de México que desapareció al acudir a un campamento, junto a su esposo. El cuerpo de él fue hallado sin vida y desnudo, pero de ella no se tiene rastro.

“Es quererla encontrar y entregarme una osamenta para decirme como le pasó eso a su esposo ellos aseguran y aseguran que mi hija corrió con la misma suerte. A casi seis años era para que ya supieran. Lo primero que hacen es buscarla sin vida, no pueden generar unas líneas de investigación que de las dos maneras las busquen al mismo tiempo no y ya después cuando ya se pasó el tiempo que es valioso que es los primeros días la empiezan a buscar con vida es una incongruencia”.

Conoce los ríos de la zona, los cerros y los caminos que recorre junto a familiares y amigos porque las autoridades aseguran con las lágrimas en la garganta, sólo esperan a que las madres se cansen sin recordar que esa es una palabra que una mamá no conoce.

“Yo sé que mi hija está en algún lugar, que alguien la tiene, que está en contra de su voluntad y yo sé que en algún momento la voy a poder abrazar pero yo creo que incluso ella se va a unir a esta lucha porque creo que mi vida cambió tanto y el sentir el dolor, de todas las mamás y tanta y tanta gente que está aquí te cambia por completo la vida. No tenemos nada que celebrar, más bien es un grito de exigencia y es recordar a las autoridades que aquí estamos, que aunque ellos apuesten a que nos cansemos no nos vamos a cansar”.

Porque la madre tiene el amor incondicional, en lo bueno y lo adverso, en la salud, la enfermedad, en la cercanía y la distancia, aunque estén presentes y aunque por ahora se mantengan ausentes, ahí están hasta recuperar esa parte que tanto les falta y que ocupa más allá de un corazón y aún con este roto siguen dando una lección de vida a cada uno de nosotros.

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