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La vida en el albergue Deportivo Cuauhtémoc

La tragedia los obligó a dejar lo que con mucho esfuerzo tenían

Día cero. La tragedia los obligó a dejar lo que con mucho esfuerzo tenían, una casa, un departamento o incluso un cuarto que el 19 de septiembre a la 13:14 horas no soportó el sismo de 7.1 grados y puso su vida en peligro. Y así fueron llegando al albergue Deportivo Cuauhtemoc, familias enteras, algunas residentes de la Ciudad de México y otros que estaban aquí de paso.

"Nosotros venimos de Michoacán, habíamos venido a hacer unas compras pero donde estamos hospedados tembló muy fuerte y decidimos salirnos, por el mercado Mixcalco, se desprendió un edificio y por eso estamos saliéndonos de ahí, somos como ocho y tres niños".

Entraron con cobija en mano, algunos sólo con lo que traían puesto, también hubo padres que lograron sacar la carreola del bebe o con mochilas con lo que dijeron era lo indispensable. El primer día durmieron alrededor de 40 personas, ahora rebasa las cien que por las mañanas se reduce a poco menos de la mitad. Es Marcela Espino, empleada de la delegación y colaboradora del albergue.

"Tenemos un horario a partir de las nueve de la noche empiezan, se empiezan a colocar las colchonetas, van llegando porque mucha gente está damnificada pero gracias a Dios tienen trabajo entonces salen a trabajar y regresan no a comer sino a cenar, entonces empezamos la parte de habilitar esta área como dormitorio".

El lobby por las noches se convierte en la recámara de los caballeros, el gimasio que orillo las máquinas de pesas, recibe a mujeres con hijos que han adornado el sitio con dibujos y mensajes como todo pasa o tú puedes. En el salón de artes marciales se guardan todos los insumos, ahí entre fotografías famosos como el boxeador Edgar Sosa o sobre el ring se guarda el papel higiénico, la pasta dental, ropa, artículos de limpieza, juguetes, libros y demás.

Subiendo la escalera en el salón de baile y aerobics, se alojan personas solas y en una pequeña oficina se improvisó un centro de cómputo para los niños.

"Ameli, hace cinco días, con mis papás, vengo de Magdalena Mixuca, vienen payasos a jugar con nosotros y cuando no hay nada que hacer vengo a las computadoras a meterme a mi face. En realidad pues la pared se cayó y el techo se dobló, pues nos regalan barbies, pelotas, juegos de mesa".

Hay un área para dar colaciones, por ahora sólo hay agua, algunas galletas, leche para bebé en polvo y café, en otra mesa más galletas y alrededor de seis guerbers. En el pasillo rumbo al patio está el comedor bajo lonas que eviten el paso de las lluvias. Ahí se encontraban tres héroes de los muchos que aseguran, llegan sólo a comer y bañarse, se trata de bomberos, médicos, rescatistas que pueden soportar todo, menos las lágrimas al recordar a la familia que hace días no abrazan.

"Soy el capitán de bomberos Ulises Cruz Gama de la escuadra de bomberos la posta, soy vecino de Santa María y estamos bajo las órdenes de protección civil de la delegación Cuauhtémoc, estamos comiendo, hacemos nuestras labores, vamos, venimos y nos vamos relevando por patrullas… desde el martes, la unidad de protección civil ahí descansamos, en las sillas y no podemos despegarnos de ahí.

-Soy el doctor César Mannuel Lazcano Medellín, vengo desde Tamaulipas en apoyo de la población, nos enfocamos a ver riesgos o daños que pudo haber causado, derrumbe, evacuaciones, dejé dos hijos, una esposa, mamá hermanos, sí".

También hay una enfermería donde atiende un médico general, aunque fuera se colocó otro remolque con médicos voluntarios que han apoyado desde un dolor de cabeza, hasta uno que otro parto .

"Soy Alrnold Suarez se atienden más las emociones, se atiende pues en cierta forma diarrea, dolores de cabeza, dolor de garganta, que es lo que más hemos tenido, se pone, acaba de nacer un bebé en la Roma, no tenemos nada, no tenemos leche, no hay nada completamente, afortunadamente aquí teníamos latas, grandes de etapa 1, teníamos porta bebé, ropa para recién nacido, cobijas todo nuevo y venía un señor que vive aquí a dos cuadras se hizo disponible para llevarnos esa parte".

Todos se esfuerzan para que haya tres alimentos al día, porque no siempre les donan y se necesita comida caliente, a veces usan el ingenio para hacer rendir todo a través de licuados o han recalentado los tamales de la noche anterior. En ocasiones tienen platillos como barbacoa.

Entre los voluntarios están los que diario brindan atención psicológica, actividades recreativas y deportivas para niños o para la familia entera con el fin de que los cerca de 40 niños y sus padres, mantengan una vida lo más cercana a la que tenían, aunque bajo un techo distinto donde han aprendido a compartir un baño, ducharse en grupos, consolar y abrazar a los desconocidos, limpiar espacios que no son suyos, pero que han aprendido a querer como un segundo hogar.

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