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"No llegué ni a la puerta cuando todo se desplomó": Lucía, sobreviviente

La joven estaba trabajando en el Piso 3 de Álvaro Obregón cuando ocurrió el terremoto

Por Zaira de la Rosa

Lucía Zamora, sobreviviente del sismo del pasado 19 de septiembre, pasó 33 horas atrapada entre los escombros del edificio colapsado en Álvaro Obregón 286.

En entrevista con Enrique Hernández Alcázar, Lucía nos relató cómo fueron esas horas en las que permaneció sepultada entre las ruinas del edifico y cómo fue encontrada por un grupo de rescatistas.

Ella se encontraba trabajando en el Piso 3 cuando ocurrió el terremoto.

"Yo estaba sentada enfrente de la computadora, cuando sentí el movimiento, me levanté agarré mi celular, caminé hacía la salida que se encontraba a seis o siete metros. El movimiento era muy fuerte, todo se cimbró, los vidrios se empezaron a romper, las cosas se empezaron a caer sobre mí. No llegué ni a la puerta cuando todo se desplomó. Nunca perdí la conciencia, agaché un segundo la mirada y después me vi atrapada".

"Intenté hacer una llamada, no quede prensada solo tenía raspones, tenía poca movilidad en las piernas pero del tronco para arriba estaba bien. La loza quedó de mi cara a poca distancia, aproximadamente a un brazo mío estirado".

La joven sobreviviente contó para El Weso que quedó sepultada junto a otro compañero de trabajo y que cerca de ellos escuchaban a otra mujer con la que mantenían constante comunicación.

"Nosotros habíamos estado gritando, estaba con otro compañero atrapada. Escuchábamos a otra persona que también estaba atrapada a lo lejos. Hubo momentos de platica, momentos de angustia, dormitábamos un poco, yo creo que no queríamos compartirnos el temor, también había momentos en que había platicas familiares".

"La absurdidad era terrible y profunda. Hubo periodos de silencio de 6 horas. Volvía la esperanza cada vez que escuchaba cualquier ruido, algún helicóptero y ruido de maquinaria. Yo escuchaba las voces de los rescatistas, pero fueron horas muy largas, nos pedían que mantuviéramos la calma, nos preguntaban si los ruidos de maquinaria eran muy fuertes para nosotros".

Lucía Zamora relata que durante esas horas en la que estuvo atrapada, le ganó la ansiedad porque pensaba en su familia, en su hermana, al no saber dónde se encontraba.

"El hambre se olvida, todas las sensaciones del cuerpo se olvidan, el tiempo pasa y no es nada. Te empiezas a resignar de cierta forma y el cuerpo comienza a responder".

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