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La viuda negra de Gucci cobrará un millón al año de la herencia

La justicia considera que haber ordenado el asesinato de su exmarido hace 22 años no es un motivo válido para ignorar los acuerdos entre Patrizia Reggiani y Maurizio Gucci

Patrizia Reggiani, conocida como: La viuda negra de Italia recibirá una compensación de un millón de euros al año de manera vitalicia de la herencia de su exmarido, Maurizio Gucci, a quien ella misma ordenó asesinar en 1995. Reggiani fue la instigadora del asesinato del representante más famoso de la familia Gucci y ha estado en la cárcel de San Vittore de Milán durante 16 años cumpliendo condena por ello, pero la justicia italiana considera que haber ordenado su asesinato no es un motivo válido para ignorar los acuerdos que habían firmado ambos anteriormente.

Cuando Gucci y Reggiani se divorciaron en 1985, pactaron que el poderoso empresario pagaría un millón de euros a Patrizia Reggiani durante toda su vida, y este acuerdo seguirá vigente.

Maurizio Gucci murió asesinado de tres balazos al salir de su casa de Milán en 1995, 10 años después de su divorcio y del acuerdo sobre la cuantía. La policía investigó a empresarios árabes, siguió la pista mafiosa e incluso valoró un posible complot internacional para matarle, pero finalmente descubrió que la responsable de esos tres tiros era su exmujer.

Patrizia Reggiani había contratado a un pistolero del sur de Italia para acabar con la vida de Gucci cuando él comenzó una relación con otra mujer, Paola Franchi. Fue condenada a 26 años de cárcel, que se redujeron a 16 por buena conducta, Salió de prisión en 2013, aunque la primera posibilidad de abandonar la cárcel la tuvo en 2010.

Fue el carácter de esta mujer extravagante que no quería dejar de ser Lady Gucci el que la llevó a rechazar la salida a cambio de trabajos sociales porque, según ella mismo dijo a través de su abogado, Danilo Buongiorno, nunca había trabajado y no quería comenzar a hacerlo en ese momento.

Incluso Reggiani aseguró que le gustaba la vida en prisión, donde cuidó de sus plantas y de dos hurones y donde la única pega que encontró fue echar de menos su maquillaje y sus productos de belleza. Ya en libertad, esta vez sí, comenzó a trabajar como asesora de estilo en una tienda de Milán.

La nota completa en EL PAÍS.

 

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