¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Perdío la mano en un accidente laboral y horas después la tenía otra vez en su sitio

Una amasadora de hormigón le arrancó la mano derecha. Tras siete horas de operación, lograron unir cada músculo, nervio y tendón

Óscar González, narra el accidente que sufrió y cómo fue su recuperación.

Hay tres cosas que me sorprendieron especialmente el día en que una amasadora de hormigón me arrancó la mano derecha.

La primera es que no sentí dolor. Los médicos me lo explicaron luego: cuando se produce un shock tan grande, en ocasiones el dolor se neutraliza.

La segunda es que apenas sangré. A diferencia de los cortes que se producen con cuchillos o hachas -que se conocen como incisos-, los cortes que se producen con materiales menos afilados -que se llaman contusos- provocan el cierre de los vasos al sufrir una especie de espasmo. Esto también me lo explicaron los médicos. Cuando llegué a casa, después de que todo pasara, mi mono de trabajo apenas mostraba una pequeña salpicadura de sangre.

Y la tercera es que recuerdo aquel momento con extraordinaria nitidez. Yo estaba terminando mi jornada laboral en las obras del AVE en Cerdedelo y por eso limpiaba la amasadora con una manguera. Era el 23 de marzo de 2016, a las 13.50, cuando noté aquel crujido.

En el instante en que la amasadora me cortó la mano -la mano y el antebrazo solo quedaron unidos por dos nervios casi insignificantes-, pensaba que estaba solo en toda la planta. Sentí una soledad inmensa. Pero, por suerte, un trabajador que estaba aparcando un camión corrió hacia mí alertado por mis gritos.

¿Y cómo actuar en un caso así? Nuestra primera decisión fue hacerme un torniquete con mi chaleco. Fue una decisión inútil, porque, como ya he dicho, mis vasos se habían cerrado y no caía ni gota. Pero en las películas siempre lo hacían y nos pareció buena idea.

Sin perder tiempo, mi compañero me llevó en coche hasta el centro de salud de Laza. No sé cómo sería mi cara en ese instante, pero la de mi compañero era blanca como el mármol. En esos momentos, pensaba: "No puede ser que esto me haya ocurrido a mí" y "Esto debe ser un mal sueño".

Lee la nota completa en Verne México.

 

Cargando