Las familias rotas de la frontera

La distancia no impide que tengan, aunque sea, el mínimo contacto

Un enorme muro de casi 5 metros se levanta frente a sus existencias, es la barrera que divide a una familia. Entre los altos barrotes, una malla metálica limita pasar el más mínimo objeto entre un extremo y otro. Norte-sur. De un lado, un padre de familia, en el otro lado, sus hijos y esposa. Pero ese enorme obstáculo no impide que traten de tener aunque sea el mínimo contacto. Ellos estiran sus meniques y secan sus lágrimas con la otra mano mientras se tocan las puntas de sus dedos.

La conversación se torna entonces sencilla, sobre los lugares que visitarán: “Lalito, ya vas a ir a conocer a Berkley. (Ya ni se acuerda) Lindsay, ahora si no te voy a poder llevar a Washington, pero vamos a ir a Reno, de perdida”.

En el marco del Foro Viral 16, que realizó este año en Tijuana la red que encabeza Eunice Rendón, pudimos conocer historias como las de Noel Guerra, originario de Panamá, y sus pequeños, quienes irán a su encuentro, mientras su esposa deberá volver sola a Guerrero en espera de otra ocasión.

Se trata del ‘Parque de la Amistad’, en Tijuana, Baja California. Aquí es donde la promesa de corazón, la ‘Pinky promisse’ cobra un nuevo sentido al enlazar los meniques. Cada semana se repite la historia en este punto. Un acuerdo con las autoridades migratorias permite que las personas indocumentadas en territorio norteamericano se acerquen a encontrarse con sus familias a través de los barrotes por espacio de unas horas.

Hoy Salvador Ruiz, originario de Sonora con ciudadanía norteamericana, ayuda a su amigo Noel: “Tienen dos hijos, nacidos aquí en EU, son los que voy a pasar yo. Porque el acaba de tener un problema, lo asaltaron y le dieron la clase U, fue violencia en la calle. Supuestamente es amparado por una ley que le llaman la clase U y es un proceso de dos años, le dan un permiso, creo que después de dos años sigue otro proceso y de ahí han aprovechado para incluir a su hijo que no había nacido en EU, que fue nacido en México”.

En este punto una columna marca el límite de la República Mexicana a partir de las convenciones de 1882 y 1889. Solo una vez al año, se realiza aquí la apertura de la ‘Puerta de la Esperanza’ cuando algunos de los afortunados pueden reunirse por escasos minutos con sus seres queridos.

La organización Ángeles de la Frontera ha impulsado desde hace 4 años la iniciativa para que quienes caminan de lado de San Isidro por más de 40 minutos, pasen sin temor frente a ‘La Migra’ y atraviesen, por unos instantes, ese muro que había roto a sus familias, como explica Gabriela Cortés.

“Se permitió que 8 familias se pudieran reunificar, aunque sea por algunos minutos, pero lo lograron. Eran familias que estaban separadas hace 8, 15, 18 años. Hay personas que nos dicen: ‘Pero ¿Por qué hacen eso de abrir la puesta después de algunos minutos si después vas a volver a arrancar a estas familias?’. Pero nosotros hemos llegado a la conclusión, yo lo he platicado con ellas después de que he cerrado la puerta, es que dicen, ¿Sabes qué? Me volvió el aliento, me volvió el alma y vamos a seguir trabajando por una reunificación”.

Los propios miembros de la Border Patrol asumen de manera distinta este espacio, el Parque de la Amistad, y hasta intercambian puntos de vista con los miembros de organizaciones pro inmigrantes.

“En realidad nosotros apreciamos este tipo de cosas como las que ustedes hacen porque yo pienso que este tipo de cosas que ustedes haces, porque yo pienso que es muy importante que empiecen a educar a la gente, educarlos. Yo nunca quiero que piensen como yo pienso o mi punto de vista sobre la frontera. Pero yo aprecio mucho, de perdida, que la gente empiece a pensar sobre la frontera”.

Pero el dolor sigue, la ausencia, la amenaza de deportaciones masivas del nuevo gobierno en la Unión Americana, misma que deberán enfrentar organizaciones como Madres y Familiares Deportados en Acción, fundada por María Galleta para brindar ayuda especializada a las mujeres alejadas de sus hijos.

“Lo que sí he escuchado yo muy seguido es que ellas se las llevaron sus padres, de 3 meses su padres, nunca arreglaron sus papeles, vivieron ilegalmente allá y tuvieron hijos que son ciudadanos americanos que nacieron allá, pero nunca fue la intención de arreglar papeles por medio de los niños. Muchos nos venimos del centro de México para buscar una mejor vida, para ayudar a nuestros padres, nuestros hermanos”.

Don Salvador alcanzó el sueño americano, su esposa es originaria del DF y sus 5 hijos son nacidos en territorio estadounidense. Tiene un negocio de construcción. Y pese a todo lo logrado, dice que el ‘sueño americano’ no lo vale. Ante las advertencias del presidente electo en el país vecino, incluso sus hijos le proponen volver a Sonora, de donde es originario.

“No vale la pena ser humillado por un dólar, para mí no tiene precio. Si hubiera sabido que iba a pasar por eso, no vengo… pasa uno por hambre. En lo personal, yo duré hasta una semana sin comer. Es una historia muy larga, pasamos por muchas cosas que nunca esperé yo pasar. Pero gracias a Dios sobresalimos, y hemos logrado el éxito”.

Historias desde la frontera, lo que se vive día a día.

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