El Mundial 2006, un desafío ecológico

Los organizadores y la FIFA quieren que el Mundial de fútbol 2006 sea "un torneo limpio", pero para Hartmut Stahl, que coincide con el objetivo, el significado es otro bien distinto.

Darmstadt, Alemania.- Los organizadores y la FIFA quieren que el Mundial de fútbol 2006 sea "un torneo limpio", pero para Hartmut Stahl, que coincide con el objetivo, el significado es otro bien distinto.

Stahl es ingeniero químico y trabaja para el Instituto Ecológico de Darmstadt, al que el Comité Organizador encomendó la supervisión del megaevento desde el punto de vista del medio ambiente.

Los datos básicos son elementales: 64 partidos en 12 estadios significan por lo menos 3,2 millones de espectadores, con el correspondiente tránsito de automóviles, basura, desages y consumo de electricidad.

Traducido al lenguaje de los ambientalistas, el Mundial ocasionará, por ejemplo, 120.000 toneladas de dióxido de carbono.

El Comité Organizador (CO) dirigido por Franz Beckenbauer se impuso como meta reducir ese valor en por lo menos un 20 por ciento y creó el proyecto "green goal" (gol u objetivo verde).

El Instituto Ecológico, con sus bases de trabajo en Darmstadt, Friburgo y Berlín, está buscando junto a los dueños de los 12 estadios mundialistas vías y formas para ahorrar energía y agua, y reducir la basura.

Con ayuda de las empresas locales de transporte público se están delineando sistemas para que los espectadores que acudan a los estadios no lo hagan en su vehículo particular.

"Será la primera vez que un Mundial tendrá efectos neutrales hacia el medio ambiente", asegura el ingeniero Stahl, tomando como ejemplo a seguir la experiencia de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. "No podremos copiar aquel proyecto porque allí se construyeron muchos edificios nuevos y además estaba todo centralizado", aclara.

Hay condiciones que el ambientalista quisiera cambiar, pero sabe que son tabú: "Por supuesto que desde nuestro punto de vista lo mejor sería que los partidos se jugasen todos durante el día y no a la noche. El consumo de energía sería mucho menor", dice.

Pero teniendo en cuenta que este es un hecho innamovible, ahora se estudian mecanismos de ahorro energético, como los sistemas de ilumniación de menor voltaje previstos en los estadios de Múnich y Gelsenkirchen.

Por otro lado, se ha lanzado una campaña para que los dueños de los estadios recurran al suministro de electricidad proveniente de fuentes de energía renovables, que si bien son más caras, entre 10 y 20 por ciento, tendría un significativo impacto ambientalista.

"Lamentablemente la mayoría de los estadios no están en condiciones, por un problema de ubicación, de aprovechar instalaciones de energía solar", se queja Stahl.

Pero, en cambio, alcanzó avanzar en el consumo de agua. En el estadio Gottlieb-Daimler de Stuttgart se instaló una cisterna que recoge aguas pluviales para el regado del césped y para la higienización en los baños y lavabos. Esto significa un ahorro de 4.000 metros cúbicos de agua.

Uno de los grandes problemas sigue siendo el de la basura, algo que ocasionó muchos trastornos en el pasado Mundial de Corea y Japón.

Para Stahl lo ideal sería instaurar un sistema de devolución contra pago, pero hasta el momento las empresas estadounidenses que tendrán a su cargo la venta de comestibles y bebidas no han aceptado las condiciones.

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