CON MARTHA DEBAYLE

BBmundo: ¿Cómo hablar con tus hijos del coronavirus?

Hoy vamos a platicar con Julia Borbolla sobre cómo tratar estos temas con ellos

Julia Borbolla, psicóloga. Creadora de los proyectos Antenas y Escudo de la Dignidad juliaborbolla.com // TW:@GpJuliaBorbolla // FB: Grupo Julia Borbolla

Hace pocas semanas, empezamos a vivir una realidad que antes solo estaba en las películas de ciencia ficción. Las calles desiertas, la gente con tapabocas, los niños metidos en su casa para no contraer un extraño virus que comenzaba a cobrar vidas: El gran viajero CORONAVIRUS que recorre el mundo entero dejando a su paso crisis de todo tipo.

Aunque ya vivimos la influenza en 2009, no se trataba de una pandemia que paralizaba al mundo entero y además los más pequeños tampoco lo vivieron.

¿Recuerdas algo como esto en tu infancia? ¿En algún momento se te ocurrió que podía ser peligroso besar y abrazar, jugar en los columpios o toser?

Este virus nos ha sorprendido y ha sacado a flote tres “contagios emocionales” que no debemos transmitir a los más pequeños:

LA IGNORANCIA: De pronto nos damos cuenta de que no sabemos nada sobre los riesgos en nuestra salud, o bien, sabemos demasiadas cosas y muchas de ellas contradictorias sobre el poder de este virus. Si los adultos nos sentimos descontrolados los niños con mayor razón al ver a sus padres comentando todo el día el tema como si ellos no escucharan.

Los niños no son sordos, por el contrario, tienen todos los canales receptores abiertos y lo malo es que sacan sus propias conclusiones sobre lo que escuchan sin que necesariamente sean correctas.

Recordemos que el pensamiento infantil no es igual al adulto. El pequeño Pablo de tres años quería saber a dónde se iría el virus si no lo dejábamos vivir aquí y su prima María no dormía pensando que su abuelita podía morirse porque la oyó estornudar.

El contagio de la ignorancia se acentúa con las noticias falsas que un día nos tranquilizan y otro nos alarman.

LA PARANOIA: Que es una de las peores epidemias, en las cuales vemos enfermos donde no los hay y peligros en cada cuchara que se acerca a la boca de nuestros pequeños. De pronto queremos escondernos para estornudar porque sentimos las miradas temerosas de los demás o el discreto aislamiento de los demás.

LA SOBERBIA: Esta enfermedad del ser humano que es todavía más grave que el coronavirus y que nos hizo creer que somos los reyes del planeta, olvidándonos de cuidarlo y conservarlo. Esta soberbia no nos había dejado ver lo frágiles que somos en realidad y cómo hemos atentado directamente contra el planeta.

Pero no todo es malo; esta gran contingencia nos ha traído 3 grandes remedios y muchos aprendizajes que nos sirven especialmente para el trabajo con los niños y niñas.

TOMA DE CONCIENCIA: Este remedio va curando la Ignorancia y paranoia, porque al enterarnos de las fuentes oficiales, al preguntar y darnos cuenta de lo que provoca y expande el virus, ya no haremos caso a los rumores ni tomaremos medidas exageradas. Solo transmitiremos a los niños los conocimientos necesarios para cuidarlos sin sobre protegerlos y para que ellos vayan aprendiendo a cuidar de sí mismos.

RECUPERAR HÁBITOS DE LIMPIEZA: Este segundo remedio cura la arrogancia de sentirnos inmortales, de pensar que la ciencia avanza y que ninguna “gripita” nos puede matar. Gracias al coronavirus los niños entienden por qué las personas mayores insistimos en que se laven las manitas antes de comer y después de ir al baño, Entienden porque mamá insiste con el baño o con que coman verduras y frutas.

No debemos abusar de la salud, o esperar a valorarla hasta que ya no haya remedio.

Me dio mucho gusto ver a una de mis pequeñas pacientes lavándole las manos a su muñeca para cuidarla y no solo para jugar con el agua y el jabón.

SOLIDARIDAD: El gran remedio para las familias, las comunidades, los países y el planeta en general. Los niños pueden tener hoy el ejemplo claro de este término tan abstracto. Ver que cada uno de nosotros debemos pensar en los demás.

Si el coronavirus te mantiene encerrado en casa con tus hijos, tal vez te permitió ver a tu familia desde otra perspectiva, tal vez dentro del gran fastidio que significa alterar tu ritmo de vida las circunstancias te obligaron a detenerte un momento y ver lo que en verdad vale la pena, lo que en verdad hay que conservar y cuidar que es la salud y la convivencia en familia, más allá de atesorar bienes o metas a largo plazo.

ALGUNOS TIPS:

Establece horarios para todo.

Jugar, hacer trabajos escolares, tiempo para trabajo de papá y mamá en computadoras, ejercicio, espacio para aburrirse e inventar qué hacer, tiempo para que los papás descansen, etc.

Explica que no son vacaciones sino tiempo en casa para convivir.

De esta manera las reglas familiares deben cambiar porque no aplican las de vacaciones en donde se duermen cuando les da sueño y comen comida chatarra, ni tampoco las reglas de días comunes en donde se despiertan al alba para el colegio. Piensa en un término medio asígnales algún trabajo de casa

Hacer su cama, aunque les quede fatal, barrer el patio o simplemente llevar sus platos a la cocina.

Aquí no importan que tan bien o mal lo hagan, sino que lo hagan.

Refuérzales la conciencia social

Los niños deben hacer consciente que sus maestras, las personas que nos ayudan en casa, los que atienden en la farmacia o el supermercado son tan personas como ellos y también requieren consideración. Los niños pequeños son naturalmente egocéntricos y esta es una gran oportunidad para empezar a reforzar su concepto de ser parte de una comunidad.

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