CON MARTHA DEBAYLE

Masculinidad machista

Qué está en nuestras manos para lograr los cambios por los que estamos luchando las mujeres

Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta.

Estamos atestiguando movimientos que buscan alcanzar un cambio social en favor de una vida libre de violencia y opresión hacia las mujeres y dentro de la sociedad en su conjunto. En medio de este movimiento social hoy es tiempo más de preguntas que de conclusiones apresuradas y resistencias temerosas. Es tiempo de colaborar abriendo estos temas en la sociedad para poder reconstruir su tejido roto.

Definamos algunos términos:

Masculinidad

Conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que son característicos del hombre en una sociedad determinada.

Más allá del sexo biológico, el papel de hombre (al igual que el de mujer) se aprende y se desarrolla desde tres fuentes fundamentales:

La familia, la sociedad y la cultura.

Estas están sujetas a lo que se considera aceptable, correcto o adecuado en cada tiempo, aunque pasado ese tiempo, con los cambios sociales, lo que antes podría haber sido aceptable, ahora no lo es.

Machismo

Es una forma aprendida de ejercer la masculinidad.

Es ejercida principalmente por hombres, pero al ser algo aprendido, también puede ser aprendida y ejercida por mujeres.

Se trata de la creencia de que los hombres son mejores, superiores o deben ser dominantes sobre las mujeres e incluso sobre otros hombres que no han demostrado su masculinidad.

El comportamiento machista involucra la necesidad de demostrar que se es hombre, principalmente a través de actos de valor, dominancia y poder.

El machismo también determina la manera en que se mira y trata a la mujer con relación a los hombres.

El machismo se opone a lo femenino y lo que se considera propio de ello cuando toma una actitud sexista.

El sexismo de oposición, lo define la escritora Julia Serano, es “la creencia de que hombre y mujer son categorías rígidas y mutuamente excluyentes”.

Por ejemplo: “…los hombres no lloran, no cuidan, tienes que ser fuertes, valientes y proveer a la familia porque ellos están a cargo de esa función”.

¿Es lo mismo machismo que misoginia?

Podríamos decir que el machista se cree superior a las mujeres.

No todo machista es misógino.

El misógino tiene aversión (evita) y odia (daña) a las mujeres.

Todo misógino es machista.

Su punto de encuentro está más en el fondo que en la forma:

El macho cree que el cuerpo de una mujer está ahí para que disponga de él al mirarlo o decir cosas obscenas.

El misógino cree que el cuerpo de una mujer es una arena para descargar su odio.

Al final lo que ambos ven es un cuerpo, no una persona-mujer. Eso es la cosificación.

¿Qué es el llamado “sexismo benevolente”?

Podríamos decir que hay dos tipos de sexismo, pero adelantamos que ninguno en realidad es bueno:

Sexismo hostil

Es el más visible que es abiertamente hostil y discriminatorio.

Sexismo benevolente

Es cuando alguien (generalmente un hombre) dice algo que parece de apoyo y positivo, incluso en un tono afectivo y positivo, pero se basa en los estereotipos de género tradicionales.

Hazte unos chilaquiles porque a mi siempre me salen mal y a ti te quedan muy bien.

A las mujeres ni con el pétalo de una rosa.

Niños y mujeres primero.

Detrás de un gran hombre, hay una gran mujer.

Vine a verte para que no estés tan solita.

Ya está llorando el niño, velo a ver por favor.

Tu hermano será el listo, pero tú eres la bonita.

¿Qué es el micromachismo?

Se trata de actitudes en la vida cotidiana que se expresan como sexismo benevolente.

Puede ser una forma de disfrazar el machismo.

El micromachismo es un gran riesgo porque tiende a aparecer en sociedades que no toleran el machismo hostil y abierto.

Puede ser un efecto residual en el proceso de transición de un cambio social como el que estamos viviendo.

Como el machismo es una forma aprendida de ejercer la masculinidad, siempre se puede aprender otra cosa, pero como muchas cosas, cuesta más trabajo aprenderlas cuando ya hay una inercia que iba en sentido contrario, por eso se requiere de conciencia y voluntad para que el cambio pueda empezar.

Muchas personas no están de acuerdo con el término porque dicen que al hablar de “micro” se está minimizando, mientras que otros dicen que es una exageración llamar así a los piropos o halagos que se hacen a una mujer sobre su apariencia.

Quizá entonces deberíamos llamarlo machismo cotidiano.

Como ejemplos de esto podemos encontrar frases y actitudes como:

¿Te dejaron cuidando a los niños mandilón?

Yo ayudo en los quehaceres de la casa (lo que presupone que la obligación es de la mujer y que lo que buenamente se haga es “generosa ayuda”).

¿Oye y para cuándo te casas? Ya no estás tan jóven.

Los hombres son los que deben siempre pagar la cuenta.

Nunca recibas nada de un hombre para no comprometerte.

decirle a una mujer que se ve “poco femenina” con tal o cual cosa (o actitud).

Poner el cambiador de pañales sólo en los baños de mujeres.

Presentar o referirse a una mujer como “la mujer de fulano”.

En un restaurante, dar a degustar el vino primero a un hombre en vez de preguntar “quién quiere probarlo primero”.

Dar la cuenta siempre al hombre y no a quien la ha pedido.

Preguntarle a una mujer ¿Cómo le haces para trabajar y cuidar a tus hijos?

Un mecánico o albañil a una mujer al tratar los términos de una reparación o trabajo: “¿Señora no está su marido?”

Lloras como niña.

¿Qué podemos hacer?

Tenemos que conversar acerca de esto en todas las esferas de la sociedad, no sólo desde las políticas públicas.

Reconocer que hemos vivido en familias, sociedades y culturas machistas, pero reconocer que no estamos obligados a seguir teniendo estos comportamientos, aún y cuando en el pasado no hayan sido mal visto o se consideran normales. Los cambios sociales marcan los tiempos de cambio personal.

Lo que se busca es alterar las condiciones en las que se ha vivido por mucho tiempo buscando una reorganización social, pero no desde lo impuesto, sino desde la conciencia de todos los actores.

Cuestionarnos y combatir el origen de la violencia rampante:

Es cierto que matan más hombres que mujeres en las calles, pero no son muertos en su mayoría a manos de mujeres, sino de otros hombres al igual que la gran mayoría de las mujeres.

¿Cómo eran las infancias de esos hombres agresivos? ¿Qué se les dijo o enseñó sin palabras acerca de lo masculino, lo femenino y sus roles y sitios en la sociedad?

Esta pregunta no es para justificar lo injustificable, sino para entender el fenómeno y poder combatirlo de manera preventiva desde la niñez ahora mismo.

Deberíamos ir a la raíz del respeto no sexista.

Antes que hombres y mujeres, somos personas.

Antes que personas somos seres humanos.

Antes que seres humanos somos seres vivos.

Si enseñamos a los niños el respeto a toda forma de vida, estaremos enseñando también el respeto a los seres humanos, a las personas y, por supuesto, a los hombres y a las mujeres.

Abrir espacios para la reconciliación social, el perdón y la reparación de ser posible.

Esto se ha hecho muchas veces ante grandes atrocidades humanas, como el sistema de discriminación y segregación conocido como apartheid en sudáfrica.

Que no libró a los perpetradores de las penas por los crímenes cometidos, pero sí abrió un espacio para entender el fenómeno y tratar de reconciliar a los opuestos.

Sin perdón no hay futuro, pero sin confesión no puede haber perdón.

Desmond TuTu

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