CON MARTHA DEBAYLE

¿Por qué permanecemos en relaciones infelices?

¿Cuáles han sido sus razones para seguir en relaciones que donde la pasan mal? Les vamos a decir por qué lo hacemos y cómo salir de ahí

En cabina con Tere Díaz, psicoterapeuta, especialista en desarrollo personal y terapia de pareja. Su más reciente libro ¿Cómo identificar a un patán? (TW: @tedisen // @LaMontana_ // terediaz.com).

Se valora tanto el amor y la vida de pareja, de forma personal y social, que muchas veces sostenemos relaciones lastimosas, pobres, aburridas, conflictivas, por no decir violentas, con tal de vivir “de a dos”. ¿Cuáles son los factores que nos hacen permanecer ahí?

No soy una mujer que valide la idea de terminar una relación por cualquier cosa, pareciera hoy que los humanos nos tratamos como seres “desechables” y que a las primeras de cambio ante cualquier desilusión, “next”; pero tampoco pienso que se pueda permanecer en una relación a pesar de todo: hay situaciones que tiene ningún sentido sostener pues restan energía personal, posibilidad de crecimiento mutuo y bienestar general.

En un mundo que se ha tornado individualista la pareja nos aporta, más que una posibilidad de sobrevivencia como antaño, la alternativa de un acompañamiento especial, de una posibilidad de crecimiento, y de momentos de placer, Esto conlleva inevitablemente situaciones ocasionales de crisis que bien asimiladas actualizan la relación y aportan madurez. ¿Pero vivir en el conflicto perene y en la infelicidad sostenida?

Un buen amor debe aportar a la vida personal, no restar, por eso una relación que quita la paz y genera permanente intranquilidad, que limita nuestro mundo de posibilidades en vez de aumentar las alternativas de vida, que genera malestar, aburrimiento y dolor, que bloquea la ternura y las manifestaciones de afecto, que impide el disfrute personal, de pareja y de la vida en general, y que nos lleva a retroceder en todas las áreas de la vida - individual, social, económica, cultural - es una relación que de amorosa tiene muy poco. Pero ¿por qué permanecemos ahí?

Razones para sostener una relación infeliz

1. Rectificar una mala elección. En ocasiones hacemos una apuesta amorosa, quizás incluso yendo en contra de las opiniones de nuestro entorno, y el hecho de “demostrar” al mundo (o a nosotros mismos) que no nos equivocamos nos lleva a perseverar, con intentos infructuosos y costos altos, la relación.

2. Creencias erróneas sobre el amor. Rodeados aún por ideas románticas sobre la vida de pareja – el amor, si es verdadero, todo lo puedo, todo lo soporta, es sacrificado, y ha de ser eterno – nos aferramos a comprobar que lo nuestro es y ha sido amor, y que esa “fuerza amorosa” transformará los conflictos en encuentros gratificantes. El verdadero amor, si bien conserva algo de enamoramiento, se construye sobre la realidad, no sobre ideales inalcanzables.

3. La “matrimania”. La sociedad glorifica y privilegia la vida de pareja. Es de mayor estatus estar emparejado que estar “solo”, y si lo estás en una relación matrimonial, heterosexual y con descendencia, te posicionas en el “top” del “top”. Bella DePaulo, investigadora norteamericana sobre la soltería, acuñó el termino solterismo. En su libro Singlism explica que al igual que otros “ismos” como el clasismo, sexismo, racismo, el solterismo sitúa a las personas sin pareja en un estatus menor de quienes sí la tienen. Y bueno, ¿a quién no le gustan los privilegios?, aunque con frecuencia los costos de sostenerlos sean la frustración permanente, la pérdida de energía, si no es que el desequilibrio emocional y físico.

4. Dependencia económica. Quienes simplemente no tienen forma de sostener una independencia económica tampoco tienen la alternativa de elegir permanecer o dejar una relación. Generalmente son más las mujeres quienes se encuentran en esta situación: por hacer del amor y la familia su principal o único proyecto de vida renuncian a una profesión y a un trabajo quedando rezagadas del mundo laboral y dependientes de sus parejas. Esto sin nombrar las reales desigualdades de género que ofrecen mayores y mejores posibilidades de trabajo a los hombres y sobrecargan a las mujeres con tareas domésticas y de crianza.

5. Falta de autonomía emocional. Requerir permanentemente la confirmación de la pareja, su acompañamiento permanente, su anuencia para tomar cualquier decisión, impide tener la claridad necesaria para poder reconocer los propios valores, intereses, y deseos, y la fortaleza interna para legitimizarlos y hacerlos valer. Las personas inmaduras psíquicamente se comportan como niños que requieren de la validación y apoyo del otro para hacer elecciones en la vida, desde las más insignificantes hasta las de relevancia mayor.

6. Miedo a la soledad.La soledad tiene mala fama, quizás porque se le confunde con el aislamiento. Estar aislado es no contar con vínculo alguno que, como seres sociales, nos aporte afecto y apoyo. En cambio la soledad, que se necesita aun viviendo en pareja, es un estado de mayor individualidad que, bien entendido y aprovechado, permite el silencio interior, el conocimiento personal y la reflexión profunda, todos indispensables para construir la vida que se quiere. Agrego, que nuestra sociedad posmoderna, como bien dice Marie France Yrigollen en su libro “Las Nuevas Soledades”, nos impele a alternar aa lo largo, valga la redundancia, de nuestra larga vida, periodos de emparejamiento y periodos de soledad.

7. Simple confort. Somos generaciones comodinas y con poca voluntad, preferimos el “más vale malo por conocido que el bueno por conocer”. El confort no solo adormece la consciencia sino que imposibilita la conducta creativa. Nos quejamos por lo que tenemos o no tenemos pero no realizamos las acciones necesarias para vivir como queremos.

8. Temor al fracaso. Las relaciones tienen vida propia, y como entidad vital recorren un ciclo. El amor, ya sea por una situación de muerte o de rompimiento, nunca durará toda la vida dudan toda la vida. Terminar una relación desde la decisión no es fracasar, es simplemente aceptar que el amor terminó su ciclo y dio lo que podía dar. Lo que sí ha de considerarse un fracaso es sostener algo que no tiene puntos de acoplamiento, o bien terminarlo de forma innecesariamente irresponsable y lastimosa. El dolor es inevitable, la violencia y la venganza, sí.

9. Desconocimiento de los procesos de cambio. Lo que se puede cambiar en una relación de pareja rara vez se da a base de explicaciones interminables, convencimientos insistentes, sacrificios permanentes, quejas fastidiosas, e incluso, violencias. Pensamos muchas veces que cuando nuestra pareja “se de cuenta” o “nos entienda”, cambiará y estaremos bien. El cambio inicia por la propia transformación y esto implica desafiarnos a nosotros mismos, a nuestras creencias, hábitos, temores, y comodidades. Cuando estemos realmente preparados para perder una relación, estaremos en mejores condiciones de poner y ponernos los límites necesarios que permitan transformarla. Y más allá de la posibilidad de actualizar la pareja, aseguraremos el recuperarnos a nosotros mismos.

Así, y confiando que a partir de estos 9 puntos sacarán sus propias conclusiones, afirmo junto con mi buen amigo Antoni Bolinches en su libro “Amor al Segundo Intento”: “Las buenas relaciones son para disfrutarlas (yo agrego: para cuidarlas, alimentarlas y acrecentarlas), y las malas son para terminarlas”.

Cargando