CON MARTHA DEBAYLE

¿Cómo ser eficaz y vivir mejor en un mundo veloz?

Para todos los que viven agobiados porque sienten que el día no les alcanza para todo lo que quieren hacer y se la pasan buscando cómo hacer más y más

En cabina con Carl Honoré, periodista canadiense. Autor del libro Elogio de la lentitud (2004) sobre el «Movimiento lento». “La lentitud como método” y “Elogio de la experiencia”. Su trabajo ha aparecido en publicaciones como Economist, Observer, National Post, Globe and Mail, Houston Chronicle y el Miami Herald
(
TW: @carlhonore // www.carlhonore.com // FB: Carl Honoré // IG: carlhonore).

De qué va

El mundo en el que vivimos se rige por las decisiones rápidas y precipitadas y el espacio para la reflexión y la pausa cada vez es más reducido.

La tendencia generalizada a solucionar los problemas solo a corto plazo conduce, demasiado a generar complicaciones mayores en el futuro.

Además, los psicólogos creen que como la gente espera soluciones rápidas, eso anima a los líderes a tomar decisiones desde la precipitación y desde sus peores intuiciones.

En este libro, Carl Honoré nos propone los tips necesarios para evitar que, ante un problema, nos precipitemos siempre hacia la vía rápida, fácil e irreflexiva y conseguir que seamos capaces de resolverlo de forma más lenta pero mucho más eficaz.

¿Qué es el movimiento lento?

El movimiento lento es una corriente cultural que promueve calmar las actividades.

Propone tomar el control del tiempo en vez de someterse a él, encontrando un equilibrio.

Tomándose el tiempo necesario para disfrutar de actividades como pasear o socializar.

Las cosas más importantes de la vida no deberían acelerarse.

El mensaje de Carl es simple: para triunfar en un mundo veloz, hay que disminuir la velocidad.

Lograr el equilibrio correcto entre rápido y lento puede mejorar tu salud y traer más placer y significado a tu vida.

También puede hacerte más eficiente, creativo y productivo.

“Olvídate de la frenética aceleración. Dominar el reloj de los negocios consiste en elegir cuándo ser rápido y cuándo ser lento “.

¿Qué lo que hizo cambiar a Carl?

Antes, Carl probaba siempre hacer todo cada vez más y más en menos tiempo.

La mayoría de las veces se sentía apresurado. Ahora cada cosa que hace procura hacerla lo mejor que puede en vez de lo más rápido posible.

Su llamada para cambiar llegó cuando estaba a punto de comprar una colección de cuentos cortos – de 1 minuto! – para leer a su hijo antes de dormir. En ese momento se dio cuenta que su adicción a la velocidad era tan fuerte que estaba dispuesto a reducir los momentos con sus hijos.

No es fácil ir despacio

Hay un montón de razones por las que vamos rápidos. Una de ellas es que nos aceleramos por codicia: el mundo es una gigante mezcla heterogénea de actividades que hacer, consumir, experimentar y lo queremos todo.

Todo ello nos lleva a tener una relación neurótica con el tiempo: tenemos tanto miedo de perder el tiempo que nos apresuramos a llenar cualquier momento libre con actividades.

Desacelerar es posible. Nadie vive aislado y cuando decidimos ralentizar tenemos que tener en cuenta que nuestra decisión impactará en las personas que nos rodean.

Un primer paso para desacelerar es hacer menos, así damos prioridad a las cosas que realmente son importantes y dejamos ir todo lo demás. Cuanto menos haces, menos presión habrá por ir rápido.

Beneficios de reducir la velocidad

Reducir la velocidad, un esfuerzo que vale la pena.

Disminuir la velocidad elimina el estrés constante que provoca la falta de tiempo suficiente

Nos permite descansar y recargar nuestro cuerpo y mente.

Mejora nuestra dieta y el medio ambiente en que vivimos y fortalece nuestras relaciones y colectividades.

Disminuir la velocidad aporta calma interior. Esto es bueno no solo para la salud mental, sino también para pensar de manera más creativa.

Ralentizar otorga tiempo y espacio para reflexionar profundamente, provoca la mirada interior y hace surgir las preguntas más vitales: ¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi papel en el mundo?

Nos permite ser más eficientes. Nos equivocamos menos y tomamos mejores decisiones.

OJO: No hay que renunciar al trabajo, ni mudarse al campo a cultivar zanahorias orgánicas para unirse al seno del movimiento «Slow». Puedes ser Lento en cualquier lugar porque Lento es un estado de ánimo. Es “cambiar el chip”.

¿Cómo empezar?

1. No dejar que la agenda gobierne la vida. Muchas cosas que ahora parecen urgentes se pueden postergar.

2. Cuando se está con la pareja e hijos o con los amigos, hay que apagar el celular.

3. Tomar tiempo para disfrutar de la comida. Comer apurado genera males digestivos y si la comida es buena y está bien sazonada, no la apreciarás como se debe. Éste es uno de los placeres de la vida, no hay que arruinarlo.

4. Pasa tiempo a solas contigo mismo, en silencio. Escuchar la voz interior. Meditar sobre la vida en general. No temer al silencio. Al principio será difícil, luego se notan los beneficios.

5. No te aturdas con ruidos o la televisión. Escuchar música con calma y hacer apreciar su verdadera belleza.

6. Escribir un ranking de prioridades. Si lo primero que a la persona le viene a la mente es trabajo, algo anda mal, y hay que volver a redactarlo. El trabajo es importante y se debe hacer, pero al meditarlo, las personas notan que no es lo más importante de sus vidas.

7. No creer eso de que en poco tiempo se da amor. Escuchar los sueños de la gente que se ama, sus miedos, sus alegrías, sus fracasos, sus fantasías y problemas es importante, y es una estupidez pensar que se puede amar una hora por día.

8. Los hijos no tienen por qué seguir el ritmo de los padres. Es el adulto quien debe desacelerar e ir al ritmo de ellos. Y recordar que la conversación y la compañía silenciosa son los medios de comunicación más antiguos que existen.

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