CON MARTHA DEBAYLE

¿Por qué amamos el chisme?

Si les encanta escuchar chismes, les vamos a decir qué pasa en el cerebro cada que nos cuentan uno

En cabina con Eduardo Calixto, neurofisiólogo, Médico cirujano con Maestría y Doctorado en neurociencias por la UNAM. Post Doctorado en Fisiología Cerebral en la Universidad de Pittsburgh, PA, EUA (TW: @ecalixto).

¿Qué es el chisme?

El chisme es una conversación maliciosa, que tergiversa la realidad y ofrece una ganancia secundaria, pero puede cumplir funciones sociales e incluso fisiológicas importantes. En la gran mayoría de los casos, tiene elementos oscuros, negativos pero también puede tener aspectos positivos (incrementar motivación, modificar conductas o cambiar objetivos, para proteger personas).

Para hacer un chisme, el cerebro en sus regiones más evolucionadas utiliza información evaluativa sobre los demás para mejorar, promover y protegerse. Puede existir chismes positivos o chismes negativos; los chismes positivos tienen un mayor valor de superación y características personales. Los chismes negativos, tienen un mayor valor de autoprotección, dañando la resputación de los demás y ejerciendo daño moral con características difamatorias.

El chisme es un comportamiento social generalizado. Su supervivencia evolutiva parece estar relacionada con sus funciones sociales, como establecer 1) reglas grupales, 2) castigar a los intrusos, 3) ejercer influencia social a través de sistemas de reputación y 4) desarrollar y fortalecer los lazos sociales.

Las personas que no tienen buenas cualidades y logros propios tienen la mayor probabilidad de comenzar a criticar y hablar mal de los demás, de generar o propagar chismes.

Fisiología del chisme

Un chisme mal intencionado genera cambios en el cuerpo el movimiento respiratorio, incrementa la velocidad de actividad cardiaca y la conductividad cutánea, que refleja la hiperactividad de las glándulas sudoríparas. Esto es la respuesta de liberación de adrenalina, dopamina y vasopresina.

Investigaciones recientes indican que el chisme en el cerebro cuando más avanzado y elementos tiene, puede generar mediadores hormonales; entre más chisme, mayor respuesta de oxitocina disminuyendo gradualmente los niveles de cortisol, por lo que es el chisme tiene datos de adhesión social y regulación negativa para la ansiedad. Los niveles de dopamina, inducen la sensación de placer, estos son mayores cuando el sujeto que se entera del chisme, puede disfrutar de la desgracia o vulnerabilidad de otro.

El inicio de un chisme predispone a titubeos, tartamudeos y movimientos embarazosos, como rascarse la nariz o rehuir la mirada del interlocutor; aunque no lo experimentan todos, el 70% de los chismosos si generan cambios en su conducta.

El origen del chisme en el cerebro

El cerebro se activa en el chisme, zonas del lóbulo frontal lateral incrementan su función. La amígdala cerebral detona emociones y el giro del cíngulo se interpreta el leguaje corporal externo. Las neuronas corticales encuentran lógica y congruencia en el tiempo y espacio, los detalles son pensados, contrastantes. Lo ilógico se minimiza y se trata de utilizar los sesgos a favor de la historia que se cuenta. Se pueden activar zonas de dolor, como la ínsula y zona periaqueductual, que traducen liberación de endorfinas. Lo que conlleva a una dicotomía terrible: enterrarnos puede generar tristeza, dolor y al final felicidad o alivio.

El cerebro aprende el chisme entre los 7 a 14 años de edad, en este periodo aprende lo que repetirá en la edad adulta. Es el tiempo de conectividad de las áreas cerebrales relacionadas a la memoria, atención placer y conducta. La madurez cerebral es el principal contrapeso para el chisme. Las mujeres a los 21 años de edad aprenden a mediar los impulsos y valorar lo negativo que puede llegar a ser una critica destructiva a través de un chisme. Un varón llega a este proceso neuronal a los 26 años promedio.

Redes sociales y chisme

Las redes sociales generan y provocan chismes a alta escala. El principal objetivo del chisme en estas plataformas es sobre la reputación y modera la influencia social del respaldo a productos o cambios en el apego a marcas. Un chisme tiene tabien un efecto secundario: hablar más de la persona o del producto: el chisme genera omnipresencia, es decir, pone de moda a la persona. Escuchar información sobre otros cumple funciones sociales importantes, como aprender sin interacción o por observación directas. A pesar de las importantes funciones sociales, el chisme tiene una reputación bastante negativa.

Que busca el cerebro en un chisme: 1) validar información, 2) recopilación de objetividad, 3) construcción de relaciones, 4) protección, 5) disfrute social y 6) influencia negativa.

El patrón motivacional para el chisme es similar entre el contexto privado y el laboral. Las personalidades narcisistas son las más chismosas, pero en especial en el ambiente social hay más nodos de distorción con un gran poder de manipulación.

Un aspecto social en el campo de las neurociencias indica que un chisme repetido constantemente se le brinda mayor veracidad, en otras palabras, un chisme repetido lo hace más creíble.

Cargando