CON PAULINA GREENHAM

Celebrando hasta el más allá

Desde los libros, hasta los disfraces y los altares, el día de muertos es una tradición por excelencia de nuestro país.

Para los mexicanos, la muerte es sinónimo de fiesta, ¡la catrina no nos asusta!. Desde niños recibimos el alma del familiar, amigo, antepasado o mascota, en medio de una gran celebración.

En México según el calendario católico, el 1 de noviembre se dedica a Todos los Santos y el 2 de noviembre a los Fieles Difuntos. En la tradición popular, el primero se recuerda a los niños, y el día 2, a los adultos.

El 28 de octubre está dedicado para aquellos que trascendieron a causa de algún accidente, y el día 30 llegan las almas de los limbos, es decir, los pequeños que murieron sin ser bautizados.

En cada región del país también la celebración es diferente, dependiendo del grupo étnico y cultural.

Los pueblos indígenas, recuerdan a sus difuntos durante nueve días. Comienzan el 25 de octubre y terminan el 3 de noviembre. Existen poblaciones que llegan a extender esta celebración todo el mes de noviembre.

Es una celebración tan mágica e internacional, que la primera declaratoria relativa a las Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, por el Día de Muertos, tuvo lugar el 18 de mayo de 2001 en la UNESCO.

Una fecha para recordar, disfrutar y celebrar la vida de aquellos que ya no están presentes pero que trascienden con el recuerdo y nos vienen a acompañar.

 

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