CON MARTHA DEBAYLE

Repensando la infidelidad

Les traje a Esther Perel, una psicoterapeuta belga, que es una picudaza en temas de relaciones de pareja

En cabina con Esther Perel, escritora y psicoterapeuta experta en relaciones humanas. Autora del New York Times best-seller “El dilema de la pareja”. Esther Perel es reconocida como una de las voces actuales más originales y profundas sobre las relaciones humanas modernas (TW:@estherperel // IG: estherperelofficial // FB: Esther.perel).

¿Tienes mariposas en el estómago, presión en el pecho, no duermes bien, te sientes más alegre y feliz de lo normal, no tienes hambre, te tiemblan las piernas sin motivo, la euforia invade tu cuerpo y crees que eres capaz de todo? Eso es que estás enamorado.

Estos síntomas que estás experimentando (o que algún día tendrás, no te preocupes) son solo los primeros pasos cuando Cupido ha lanzado sus flechas hacia tu pequeño corazón. Pero después de estos, la vida romántica tiene otros aspectos básicos como el sexo, la intimidad y la infidelidad.

Esther Perel, comenzó su carrera centrándose en temáticas relacionadas con traumas familiares y conflictos culturales, ha convertido todo lo relacionado con las parejas en su especialidad clínica y teórca.

¿por qué se convirtió el matrimonio en la unidad primaria de organización de una sociedad?, ¿puede realmente mantenerse el deseo romántico? o ¿la infidelidad es algo bueno? “Es fascinante, por no decir desconcertante, escuchar a otras personas exponer sus sentimientos y conflictos más íntimos. También es educativo, conmovedor y a menudo profundo, un servicio público en una cultura a la que gusta hablar sobre el amor, pero que rara vez se hace con honestidad o humildad

Organización social

Se tiene la idea de que la pareja nunca antes había sido una unidad tan central en la estructura de la sociedad. “Nunca en la historia de la vida familiar el bienestar emocional de la unión entre dos personas fue relevante para la supervivencia de la familia.

Esta unión podría ser miserable durante treinta años.

¿Estabas estancado de por vida, te casaste una vez, y si no te gustaba, no te quedaba más remedio que esperar la muerte prematura del otro?

El matrimonio era una institución pragmática. Necesitas tenerlo, pero, una vez que estás dentro, no es gran cosa, y ciertamente no lo es para las mujeres.

Y luego agregamos necesidades románticas a la pareja como la necesidad de pertenencia y la compañía.

Hemos subido la escalera de exigencias de la pirámide de Maslow y ahora estamos trayendo nuestros requisitos de autorrealización al matrimonio. Seguimos queriendo más.

Siempre suponemos que un ‘affaire’ es un síntoma de una disfunción conyugal, pero es un enfoque erróneo, y hay que explorar los motivos.

No somos cínicos respecto a este tema porque quizá no somos conscientes de cómo nos comportamos en muchos casos.

El matrimonio es un agregado de múltiples narrativas.

Pertenece a las personas que están en él, pero también a las que lo apoyan y viven a su alrededor: familia, amigos, comunidad.

Cuando eliges un compañero, también una historia, y luego te encuentras en una obra para la que nunca audicionaste. Y ahí es cuando las narrativas chocan.

Lo primero que puedes preguntarte desde un punto de vista intercultural es: ¿está la unión entre dos personas en tu mente? ¿O vienes o vives en una cultura en la que opinan también las dos familias? Eso informará todo sobre los límites alrededor de una relación.

El modelo de relaciones

Ahora la tecnología se ha convertido en un factor muy importante a la hora de ligar, o a la hora de interactuar con otra persona.

Las mujeres tienen hijos más tarde, las personas se pueden casar con otras de su mismo sexo…

Todo cambia y se renueva.

Venimos de un modelo donde las relaciones tenían unas estructuras muy claras.

La comunidad te dio el sentido de identidad.

Sabías quién eras, lo que se esperaba de ti y cómo comportarte.

Tenías mucha certeza, mucha pertenencia, pero cero libertades

Ahora nos hemos urbanizado, movido y adquirido un individualismo radical y un materialismo aspiracional, y todas esas cosas han creado un campo de juego en el que las relaciones están experimentando cambios rápidos.

No tenemos idea de cómo manejarlas.

Las reglas han sido reemplazadas por elecciones.

Pero al mismo tiempo tenemos una incertidumbre y una duda masiva.

En estos días se trata sobre pertenencia y soledad.

Lo que solía ser definido por las reglas. el deber y la obligación ahora tiene que tener lugar en la conversación.

Todo es una maldita negociación.

Lo resume en que cada pareja negocia con el otro lo que le importa: dónde quiere vivir, si quiere tener hijos o cuántos, si este es el momento adecuado para criarlos.

Es una mezcla heterogénea existencial absoluta y al mismo tiempo es muy difícil tener que definirlo todo nosotros mismos.

Los hombres no lloran

Nunca he participado realmente en la creencia de que los hombres no hablan sobre su dolor o no lloran

Quiero decir, tienen una forma diferente de hacerlo.

A veces necesitan más tiempo y solo tienes que guardar silencio y esperar.

Si no interrumpes, llegará.

Después tienes que proporcionar un entorno compasivo que les permita experimentar lo que haya pasado, sea lo que sea.

Todos hablan de vulnerabilidad.

Y no estoy segura de que esa sea necesariamente la mejor palabra para tratar con ellos.

Mejor “integridad” y “honorabilidad”.

Pedir perdón

En muchas ocasiones nuestra sociedad parece no permitir disculparse en público.

Admisión y disculpa no son lo mismo.

Hay dos sistemas de justicia: el restitutivo y el retributivo.

Uno se dentra en la curación y otro en el castigo y la venganza.

Si no te disculpas eres responsable. Deja que la otra persona decida qué hacer con ellas.

Si quieren perdonar, porque les interesa hacerlo, no solo por decir que estaba bien, pero simplemente por no vivir devorados con el odio, esa es su libertad. Eres dueño de tu maldad.

Esa es una parte de la disculpa. En términos de curación, lo que sí sabemos es que el dolor es universal, pero el significado que le damos y la forma en que lo narramos es altamente cultural y contextual.

Y no hay nada que nos ayude a lidiar mejor con esas experiencias que nuestras conexiones con los demás. Esas son el bálsamo número uno para la mayor parte de los traumas que experimentaremos. Y las comunidades que se unen naturalmente proporcionarán ese tipo de amortiguador.

Lo que empeora el dolor no es el evento en sí. Es el aislamiento, el secreto y la vergüenza con la que tienes que vivir después.

Infidelidad

Desde 1990 ha aumentado un 40 % la tasa de mujeres que engaña a sus parejas.

Aunque el sexo extramatrimonial esté a la orden del día, seguimos creyendo que es intolerable.

La mayoría lo considera como una vergüenza social, pero debemos cambiar nuestra idea de infidelidad.

Siempre suponemos que una aventura es un síntoma de una disfunción conyugal, pero este es un enfoque erróneo, ya que condena a los adúlteros sin detenerse a explorar sus motivos.

Si pudiéramos persuadir a las parejas para que tuvieran una visión más comprensiva de la infidelidad, tendrían más posibilidades de pasarla por alto.

Necesitamos “una conversación más matizada y menos crítica al respecto”, para considerar “las complejidades del amor y el deseo no siempre responden a las clasificaciones de víctima o culpable.

Ser tan críticos con los cuernos nos lleva a ponerlos, ya que “el deseo de pecar no es malo, sino humano”.

El rechazo social que hay en torno a la infidelidad, y apunta que muchas parejas se ven presionadas a romper por temor a posibles condenas de los que la rodean.

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