CON MARTHA DEBAYLE

El arte del bienestar

Para todos aquellos que viven en el odio, el rencor, pensamientos negativos, en la autodestrucción

En cabina con Tony Karam, presidente y fundador de la Casa Tibet en México. Organizador de las visitas de Su Santidad el XIV Dalai Lama a México (TW:@Casatibetmexico // tonykaram@casatibet.org.mx // Tel: 55147763).

El bienestar genuino no depende de lo que tomamos del mundo sino de lo que le aportamos

Dentro del contexto. Budista, la práctica espiritual o “dharma”, se refiere a una cosmovisión, una práctica meditativa y una forma de vida conducente a la consecución de un estado duradero de felicidad genuina.

Para entender lo que esto quiere decir se requiere establecer una clara distinción entre el placer mundano, o hedónico y el bienestar genuino. Los placeres mundanos son aquellos que surgen como resultado del contacto con estímulos placenteros tales como las posesiones materiales, las relaciones significativas, un trabajo satisfactorio y actividades sensuales, intelectuales y estéticas satisfactorias. Podemos también perseguir atajos a dichos estímulos a través de directamente influenciar al cerebro con estímulos químicos o eléctricos.

A pesar de que algunos placeres hedónicos pueden ser muy significativos tales como aquellos que se derivan de las relaciones interpersonales y laborales, cualquier placer que experimentamos meramente como resultado de la estimulación física del cerebro es por naturaleza transitorio y ulteriormente ausente de auténtico significado.

Parecemos experimentar placer hedónico como consecuencia de nuestra relación con el mundo, pero la felicidad genuina surge no de lo que el mundo nos provee o aporta sino de lo que traemos al mismo.

Esta es una cualidad de bienestar, no simplemente una sensación o sentimiento placentero, que resulta de la calidad de nuestros vidas, la salud y el equilibrio que cultivamos en nuestra mente y corazón y del entendimiento experimental de nuestra propia naturaleza, la manera en que existimos así como la naturaleza del mundo con el que convivimos.

El placer hedónico es intrínsecamente competitivo y por lo tanto lleva fácilmente al conflicto entre los individuos, comunidades o naciones mientras que la persecución del bienestar genuino abreva de nuestros propios recursos internos de tal forma que un alto nivel de bienestar genuino en una persona no disminuye ni eclipsa el de otra. Por el contrario la experiencia de tal bienestar puede inspirar a otros a vincularse con sus recursos internos de los que esta felicidad se deriva.

La búsqueda del bienestar genuino para nosotros y los que nos rodean y no del mero placer hedónico es lo que le aporta a la vida genuino significado.

Las 5 reglas del bienestar Liberar el corazón del odio

El odio es un sentimiento complejo y muy profundo. Está compuesto de ira, rechazo, resentimiento y aversión, entre otros. Por eso mismo, también es un sentimiento muy invasivo, que termina impregnando nuestra forma de ver el mundo. No se puede estar bien, mientras se albergue odio en el corazón.

Por eso, una de las cinco reglas budistas del bienestar es liberar el corazón del odio. Obviamente, es más fácil decirlo que hacerlo. Para lograrlo se necesita de una fuerte dosis de empatía. Se trata de mirar a quien odiamos desde un punto de vista compasivo, tratando de comprender sus carencias y sus limitaciones. Esto nos permite perdonar y dejar de odiar.

Liberar la mente de las preocupaciones

Las preocupaciones son una anticipación ansiosa del futuro. En otras palabras, la expectativa de que ocurrirá algo desagradable, que nos causará dolor, aflicción o alguna forma de malestar. No se trata de una perspectiva racional. Si lo fuera, simplemente buscaríamos los medios para conjurar el riesgo que se avecina.

La mejor manera de liberar la mente de las preocupaciones es ubicándonos en el presente. En lugar de estar pensando en eso que podría sobrevenir, más bien deberíamos dedicarnos a hacer de este momento actual, lo mejor que pueda ser. Esto no solo alivia la angustia, sino que también nutre el sentimiento de auto-poder.

Liberar el espíritu de la soberbia

Uno de los aspectos más paradójicos de la soberbia es que vuelve muy vulnerable a quien es víctima de ella. Esto sucede porque quien se siente superior a los demás es más proclive a castigarse por cualquier error que cometa.

También resulta fácilmente vencido por los halagos o artificialmente humillado por las críticas. Tomarse a uno mismo demasiado en serio solo conduce al malestar. Esto se evita si somos lo suficientemente humildes como para comprender que ni toda la vida nos va a alcanzar para aprender todo lo que nos gustaría ni para alcanzar todas aquellas metas a las que aspiramos. Sin la soberbia, la vida es más ligera.

Aprender a dar, una de las reglas del bienestar

Los budistas insisten en que una de las reglas del bienestar consiste en aprender a actuar con generosidad. Esta virtud es propia de quienes confían en sí mismos y desean que el sufrimiento no esté ni en su propia vida ni en la de los que le rodean. El generoso enriquece cualquier entorno en el que esté.

Dar es una forma de poder personal. Quien da de sí y de corazón, se siente más fuerte al hacerlo. Expande su ser y es generador de bienestar. Eso es lo que finalmente va a cosechar: bienestar para sí mismo y para quienes le rodean.

Aceptar más y esperar menos

Una de las más importantes reglas del bienestar, a la luz del budismo tibetano, es la de aprender a aceptar cada una de las experiencias que se nos presentan. Cada persona y cada situación que llega a nuestra vida traen consigo un regalo.

Lo que pasa es que no siempre logramos identificarlo. Si en lugar de renegar o rechazar lo que nos sucede, nos ponemos más bien en actitud de aprendizaje, se incrementará nuestro bienestar. Lo mejor de todo es que en verdad tendremos la capacidad de darle vuelta a los hechos negativos, convirtiéndolos en fuente de crecimiento.

Las reglas del bienestar según el budismo tibetano son un catálogo de vida. A veces complicamos la existencia, sin ninguna necesidad. Estas reglas nos recuerdan que, en el fondo, solo se trata de vivir con sencillez, humildad y buena actitud hacia nosotros mismos y hacia los demás.

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