¿Padeces el síndrome de falsa responsabilidad y culpa tóxica?

Para todos aquellos que van por la vida sintiendo que tienen que ser los fuertes; los que

carguen sobre sus hombros la vida de otros

Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach, psicoterapeuta.

TW: @marioguerra // encuentrohumano.com

Muchas personas van por la vida sintiendo que tienen que ser los fuertes; los que carguen sobre sus hombros la vida de otros. Como esto no es posible para nadie, seguro en algún momento habrán de fallar y es entonces que la culpa tóxica se hace presente, producto de aquella falsa responsabilidad que se auto adjudicaron.

¿Qué es el síndrome de la falsa responsabilidad?

Es cuando una persona se siente o declara responsable de personas, cosas o situaciones que objetivamente no le corresponden.

Por ejemplo cuando alguien se siente el protector o rescatador familiar (especialmente sin serlo en realidad, cuando todos en la familia son adultos y cuando nadie se lo ha pedido).

Sentirse responsable de las necesidades y sentimientos de otros miembros adultos de tu familia o círculo de amigos.

Un niño que se siente responsable por el divorcio de sus padres o el bienestar de su mamá.

Son como héroes (autonombrados) cuya misión (autoimpuesta) es salvar a lo que haya que salvar.

¿Qué van a hacer sin mí o si yo no los ayudo? ¿Qué les está pasando por mi culpa? Debo sacrificarme por ellos – diría este falso héroe.

¿Qué es la culpa tóxica?

Es la culpa subjetiva que se siente sin tenerla.

Cuando se siente que se tiene una gran responsabilidad por todo, es precisamente cuando la culpa aparece con mucha facilidad.

La culpa tóxica se distingue de la normal porque:

Culpa normal: Te mueve hacia la reparación

Algo hiciste (o dejaste de hacer) y el pedir perdón y hacer algo para subsanar o hacerte cargo del daño cometido te ayuda a removerla.

Culpa tóxica: Te paraliza en el remordimiento, sacrificio y la vergüenza

Como b¿objetivamente no hiciste nada, no hay nada que reparar, entonces te autocastigas, te sacrificas y te exiges todavía más que antes.

¿De dónde viene?

Evidentemente de la infancia.

Como cuando nos decían “Por tu culpa tu papá ya no quiere venir a vernos”; “A ti no te importa lo que yo siento, por eso me desobedeces”, “Ya hiciste llorar a mi mamá hermanita, eres una mala hija”, “Otra vez ya me hiciste enojar”

En una infancia donde a los niños se les asignaron responsabilidades propias de un adulto (por ejemplo cuidar a otros) o se le ponían estándares de perfección, menospreciando el tiempo de diversión y ocio como una pérdida de tiempo.

Es una infancia donde constantemente el mensaje era “estás mal”, “siempre te equivocas”, “fallas en todo”.

¿Por qué no nos rebelamos ante estos tratos?

Porque de niños no tenemos el poder de hacerlo.

Somos totalmente dependientes e impotentes ante las figuras de autoridad, así que la manera en que nos traten tiene que ser aceptada porque no nos queda de otra.

No tenemos un marco de referencia y entonces, como no conocemos otra cosa, tendemos a normalizar los malos tratos o hasta llegamos a pensar que eso es el amor.

Muchos niños aprenden a culparse a sí mismos por ser maltratados (como si se lo merecieran).

Se les culpa por todo, interiorizan la culpa, y luego se sentirán culpables por todo de ahora en adelante. Podemos decir que aprenden de este círculo vicioso

De adultos, porque ya caímos en un estado de indefensión aprendida.

Es decir, se sostiene la creencia de que, haga lo que haga, las cosas no van a cambiar y entonces dejamos de intentar.

De adultos, bajo este esquema, es natural continuar repitiéndolo en relaciones futuras, especialmente si nunca hicieron nada para repararse a sí mismos.

¿Cómo nos afecta?

Nos produce ansiedad y sensación de ineficacia.

Nos hace sentir continuamente que estamos fallando o defraudando a otros.

Estamos siempre dispuestos a asumir la responsabilidad y culpa por todo lo malo que pasa.

La culpa tóxica nos puede llevar a ser sumisos y complacientes con otras personas (porque sentimos que con eso debemos pagar nuestra maldad).

Como resultado de tus límites deficientes permites abusos y malos tratos.

Nos volvemos altamente manipulables.

Somos el compañero ideal de un narcisista maltratador.

Como el narcisista siente que nunca tiene la culpa de nada y tú ya aprendiste a culparte de todo, pues te conviertes en el depósito ideal de todos sus desechos emocionales.

Nos volvemos codependientes.

Como nunca acabamos de pagar nuestra deuda imaginaria, vendemos nuestra alma a alguien que no sabe cuidarla.

Nos paralizamos

No buscamos ayuda porque ese malestar emocional que provoca el sentirse continuamente culpable se vuelve un entorno muy familiar y que de alguna manera da seguridad porque evoca memorias infantiles (a un costo muy alto, eso sí).

El impulso inconsciente para replicar el entorno infantil disfuncional de cada uno se conoce como compulsión de repetición

¿Qué podemos hacer?

Incluirnos en nuestra propia ecuación servicial y protectora.

Por toda nuestra vida hemos cuidado y protegido a otros; es momento de empezarlo a hacer también con uno mismo.

Recuerda

Que tú no puedes ser responsable por lo que otro adulto sienta, haga o decida hacer con su vida. Si al salir de una relación, por ejemplo, el otro sufre o se enoja, esas son emociones de las que tendrá que hacerse cargo de manera personal, al igual que bajo la misma circunstancia tú te haces cargo de las tuyas.

Rechaza

Toda petición de hacerte cargo de algo que no te corresponda o que lleve al límite tus recursos personales de cualquier tipo.

Aquellos a los que tienes acostumbrados a que nunca protestas y siempre “cooperas” no estarán muy contentos, pero de eso también tiene que hacerse cargo cada uno.

Resiste

El malestar que te va a ocasionar poner límites y decir no.

Es natural que cuando has sido dejado, el ser asertivo te haga sentir “malo”.

Pero recuerda que no todo lo que sientes es lo que es. Como con la culpa, por ejemplo.

Hay personas que se sienten culpables sin serlo.


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