@MarthaDebayle

¿Prefieres dar que recibir?

En que afecta la ansiedad de reciprocidad en la vida cotidiana

El tanatólogo Mario Guerra; conferencista, business coach, psicoterapeuta. (TW: @marioguerra // encuentrohumano.com) estuvo en cabina con Martha Debayle y nos contó todo sobre el dar puede ser sencillo para muchas personas porque es un acto que socialmente se elogia y es considerado como positivo.

Pero... ¿Qué hay con el recibir? A muchos, bajo el cuento de ser nobles y desinteresados, se rehúsan a recibir siquiera un agradecimiento, pero eso, además de lastimar al que quiere corresponder, puede ser el efecto no de una supuesta generosidad, sino de un problema ansioso que es momento de identificar y atender antes de que afecte nuestra vida y nuestras relaciones.

¿Por qué alguien podría preferir dar que recibir?

Normalmente las relaciones humanas son recíprocas. A veces empezamos dando, a veces recibiendo, pero la expectativa social es que haya una reacción a todo acto de ayuda o generosidad.

Hay personas que dicen que ellos dan, pero que no necesitan recibir e incluso llegan al punto de sistemáticamente rechazar siquiera la gratitud de otros por la ayuda que dieron.

Es probable que esto tenga que ver con el nivel de compromiso que sienten que adquieren al recibir algo de alguien; es decir, la ansiedad de reciprocidad.

¿Qué es la ansiedad de reciprocidad?

De acuerdo a un estudio realizado en el 2018, y publicado en la Revista de Psicología económica, la ansiedad de reciprocidad es el grado de incomodidad y ansiedad que una persona  experimenta al sentir la obligación de corresponder  a algo que ha recibido o ante la sola perspectiva de tener que corresponder a algo que va a recibir.

¿Qué la produce?

Los investigadores que realizaron el estudio de referencia, especulan que es más que una mera reacción al recibir algo valioso, sino que puede ser incluso un rasgo de personalidad de algunos individuos.

Forma parte del espectro de rasgos que tienen que ver con la ansiedad social.

Los mismos que te llevan a no preguntar por algo cuando no lo encuentras, el miedo al qué dirán (juicio social), miedo a quedar en ridículo, negatividad acerca de tu desempeño social, ser muy duro o crítico contigo mismo ante otros, etc.

Las causas originales pueden estar detrás de:

Rasgos heredados.

Hiper reactividad ante estímulos sociales (la amígdala está involucrada).

Aprendizaje. Esta parece ser la causa más común productos de padres controladores, muy críticos o sobre protectores.

¿Cómo afecta la ansiedad de reciprocidad en la vida cotidiana?

Lo hace de dos maneras:

Aislarte o evitar situaciones en donde puedas recibir ayuda, favores o cumplidos, para no sentir la necesidad de corresponder a estas cosas.

Esto hace que evites reuniones, convivencia, situaciones o incluso cercanía e intimidad con familiares y amigos.

Afecta incluso tus vínculos más cercanos al mostrarte defensivo, frío o inexpresivo o inquieto y torpe al recibir algo. Especialmente los vínculos de pareja son muy confusos bajo este esquema.

Angustia

Experimentar ansiedad  por no saber cómo corresponder adecuadamente y lo que pensarán los demás si no es suficiente o si no lo haces del todo.

La angustia puede disparar la evitación al sentir que lo que tú das no es suficiente para pagar o agradecer a la persona que te está dando algo y entonces eso te puede llevar a abandonar (de hecho o emocionalmente) una relación.

Los investigadores creen que la ansiedad de reciprocidad probablemente sea mayor cuanto más grande sea un favor y más público sea el acto.

También piensan que la reciprocidad genera un vínculo, en donde el dar y recibir se presupone una interacción constante y es algo que tratan de evitar.

Lo malo es que al evitar la ansiedad, también evitan el vínculo.

¿Qué podemos hacer?

Si crees que tú lo padeces:

Recuerda que la reciprocidad no es simétrica y que es muy difícil valorar realmente en términos objetivos lo que se da y recibe, porque eso depende de los aprendizajes, necesidades y perspectivas de cada uno de los involucrados o incluso de los meros espectadores.

Recapacita que tu miedo a perder o dañar un vínculo, por no ser lo suficientemente recíproco, puede estar dañando de otra manera ese vínculo al comportarte de manera distante, fría o ambigua.

Dar y recibir en un contexto social debe ser algo que se disfrute, no que se sufra. Si hay sufrimiento involucrado, es momento de buscar ayuda.

Si es alguien que quieres quien crees que la tiene:

Podríamos decirte que ajustes tus niveles de ayuda y generosidad de manera que la otra persona se sienta menos ansiosa y comprometida, pero la realidad es que eso te haría dejar de ser un poco quien eres.

Es verdad que puedes decidir cambiar algo tuyo por tener mejores relaciones, pero esto generalmente se refiere a rasgos o conductas que suelen ser negativas, no a rasgos favorables con la generosidad, el apoyo y la solidaridad.

Entonces decide hasta donde quieres y puedes modificar esto por el bien de la relación, pero nunca olvides tu propio bienestar.

 

 

 

 

 

 

Cargando