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Conociendo y sanando a nuestro niño interior

Cuando queremos crecer, no podemos vivir y comportarnos desde “la defensiva”.

Landy Aguirre, Psicóloga Gestalt,  nos platicó en entrevista que la educación y las dinámicas con nuestros padres en nuestra infancia tienen como resultado la producción de heridas específicas que afectan a nuestra vida de adultos

 

Aunque pensemos que no o no seamos conscientes de ello todavía, todos fuimos heridos, en mayor o menor grado, y quedamos marcados de algún u otro modo por lo que vivimos en nuestra infancia y el modelo de apego que desarrollamos con nuestros padres.

 

Cuando hablamos del modelo de apego nos estamos refiriendo al tipo de vínculo emocional (apego) que se creó́ con nuestros progenitores cuando éramos bebés.

 

El tipo de apego influye, en cierta medida, en nuestra futura personalidad, aunque no recordemos nada de este período vital.

 

Todo cuanto vivimos, incluso antes de nacer, va quedando grabado en nuestro subconsciente

 

Aunque no recordemos conscientemente, aquellas vivencias interiorizadas como dolorosas ejercen un gran poder sobre nosotros en la edad adulta.

 

Es importante dejar de idealizar nuestra infancia para poder hacer conscientes nuestras heridas y los patrones que heredamos o desarrollamos para “sobrevivir”, para poder trascender el dolor y perdonar.

 

Sean cuales sean las heridas, existen muchas semejanzas en la huella o impacto que ejercen sobre nosotros como adultos y en nuestras relaciones de pareja.

 

El proceso de sanación es el mismo en todos los casos.

 

Las heridas y las situaciones que las provocaron se encuentran grabadas en nuestro subconsciente.

 

Cualquier situación actual que se equipare a otra interiorizada como traumática ya vivida, podrá́ activar en nosotros una respuesta semejante a la aprendida en la infancia.

 

Por ello, no respondemos libremente sino automáticamente, activando patrones inconscientes interiorizados en nuestros primeros años de vida.

 

Ante una situación de conflicto, quien actúa en el presente entonces, no es nuestro "yo adulto" respondiendo a la situación actual, sino nuestro "niño interior herido".

 

El sanar nuestro niño interior nos permite liberarnos de nuestra carga neurótica.

 

Sanar nuestro niño interior nos posibilita ver y entender lo que nos tocó vivir, por lo que fue. Sin la intensidad emocional que cargamos desde niño.

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