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¿Quién está arruinando tu vida?

Te diremos qué nos provoca ese sentimiento y qué hacer

En la vida no siempre nos salen las cosas como queremos, pero a veces hay rachas que parecen inacabables en donde atribuimos a la mala suerte, al karma o a una infancia infeliz, el no poder salir adelante. Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach y psicoterapeuta, nos irá hoy qué es lo que arruina nuestras vidas y cómo solucionarlo.

La falta de oportunidades, el no haber terminado una carrera o los genes que heredamos. Todo parece volverse en nuestra contra y cuesta mucho trabajo identificar qué o quién exactamente es el culpable de estar arruinando nuestra vida. ¿Será posible que ese “alguien” esté más cerca de lo que pensamos?

¿Quién tiene la culpa de qué?

- Ya en el pasado hemos hablado de cuando sientes que eres un fraude. Esto viene de tener estándares muy altos y rígidos y de adjudicar demasiado peso al resultado de tus decisiones, como si no viviéramos en un mundo interdependiente. Pensemos que eso se llama interiorizar las culpas.

- En el otro extremo está el exteriorizar las culpas; atribuir todo lo malo que nos pasa a agentes externos, como si nosotros no tuviésemos ninguna responsabilidad.

- La realidad es que cada evento de nuestra vida está compuesto un poco de decisiones nuestras y otro poco de factores externos que no podemos controlar.

¿Qué es arruinar la vida?

- No es lo mismo haberla arruinado que estar arruinándola.

En el primer caso, es algo que ya es un hecho consumado y que poco se puede hacer para cambiar. En el segundo caso, la ruina está en proceso y se puede cambiar el rumbo si se toman decisiones diferentes.

Formas de estar arruinando tu vida

- La forma en que usas las cosas y el tiempo que inviertes en ellas. Por ejemplo el teléfono celular.

- La falta de límites en tu vida.

Externos, como ser demasiado complaciente o soportar situaciones desagradables por obtener cariño, aceptación o compañía. Ser codependiente con alguien o adoptar una postura de abnegación “por amor”.

Internos, como cuando, habiendo descartado causas médicas, no pones un límite u orden a tu forma y horarios de comida, las horas que duermes o la forma en que bebes. También es posible decir un “Ya no más” a tus propios hábitos nocivos.

- Los pensamientos que alimentas.

Mantenerte en resentimiento por algo que te hicieron, el no perdonar, el decirte que tu vida es una porquería, que tú eres bueno y los demás malos (o al revés) y que la vida no es justa. Son pensamientos que provocan una sensación de indefensión y sufrimiento. Es como si no pudieras hacer nada para dejarlos ir y en vez de eso los alimentaras cada vez más con nuevos elementos o conjeturas.

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- Estilo de pensamiento blanco - negro

Este estilo de pensamiento te hace poner todo en dos cajas. Lo bueno y lo malo. Entonces, cuando algo no es como tú quieres, automáticamente ya no sirve y dejas de buscar cómo adaptarlo o adaptarte. Abandonas amigos, relaciones, trabajos. Quien no está contigo está contra ti y quien no piense como tú está mal. Hay una vida muy solitaria para los que piensan de este modo.

- El peso del pasado que te resistes a dejar ir

Remordimiento, culpas y auto críticas por los errores cometidos te llevan a tratarte como un delincuente que debe pagar una condena indefinida.

También lo que otros te hicieron y no puedes perdonar te mantiene en un impasse mientras esperas que la vida te haga justicia o alguien te “la pague”.

- El acumular cosas que ya no te hacen bien

Amistades que no lo son tanto, ideales fantasiosos e inalcanzables (o de costo muy alto) y hasta objetos como ropa, zapatos, llaveros o “cositas que un día serán útiles” se van acumulando en tu espacio personal interno y externo.

- El postergar cosas que quieres hacer

Cosas que por meses o años llevas pensando en hacer, que te dices que tienes que hacer, pero que acabas por no hacer.

Quizá es mejor que de una vez por todas las hagas o las saques ya de tu sistema declarando: “esto ya no lo voy a hacer”

- Esperar que otros te presionen para hacer las cosas

Culpar a alguien porque no te pone a dieta y te dejó comer ese pan, por no presionarte en las mañanas para que te pongas a hacer ejercicio o por no recordarte la pastilla que tenías que tomar o lo que tienes que hacer. Actuando como si fueras un niño que hay que recordarle que tiene que lavarse los dientes y hacer la tarea.

- No aceptar lo incambiable.

Una discapacidad o la muerte de un ser querido son circunstancias que pueden resultar dolorosas para muchos. Resistirse a aceptar su realidad y a partir de ahí reaprender a vivir en un mundo que ahora es distinto es parte de un proceso sano de recuperación.

Por más que te resistas a aceptar lo que ya ha pasado, eso no cambia ni cambiará lo que ya pasó.

Todos lo dicen muy fácil, pero no están en mi lugar en donde no me queda de otra más que hacer lo que tengo que hacer.

- Eso no suele ser verdad. Siempre tenemos otros caminos que tomar, pero que decidimos no hacerlo. Se puede hacer algo o dejar de hacer algo, la cuestión es que hay decisiones que no quieren tomarse o renuncias que no quieren hacerse por temor a la crítica, al juicio social o a los resultados que tomar otro rumbo nos traiga.

¿Qué hacer?

- Aunque la mayoría de las cosas que crees que están arruinando tu vida están en tu mente, el mundo psíquico puede vivirse tan real como el de afuera. Es verdad que algunos obstáculos no son sencillos de superar, pero al final son tuyos, no sé si creados por ti, pero sí mantenidos por ti.

- Hacerte responsable de tu propia vida, de tus decisiones y de sus consecuencias es parte de la vida adulta. Cualquier otra cosa habla de un pensamiento inmaduro o primitivo donde las emociones como el miedo, la envidia o el resentimiento dominan tu vida porque tampoco a esas les pones límites.

- No es fuerza de voluntad, sino fortaleza y determinación para tomar decisiones y hacerte cargo de las consecuencias y tus costos para vivir una vida más libre.

- Soltar, perdonar, poner límites, moverte, tomar decisiones conscientes que te favorezcan, reacomodar las historias del pasado y afrontar a tus demonios internos es algo que debes hacer al menos una vez en la vida para que puedas probar el sabor de la libertad.

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