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Trabajo, lágrimas y sonrisas en el albergue deportivo Cuauhtémoc

Ellos perdieron todo el 19 de septiembre pero mantienen un hogar en uno de los albergues de la Ciudad de México. Hay más de cien personas aojadas entre ellos alrededor de 40 niños, la necesidad es constante

Día cero. La tragedia los obligó a dejar lo que con mucho esfuerzo tenían, una casa, un departamento o incluso un cuarto que el 19 de septiembre a la 13:14 horas no soportó el sismo de 7.1 grados y puso su vida en peligro. Y así fueron llegando al albergue Deportivo Cuauhtemoc, familias enteras, algunas residentes de la Ciudad de México y otros que estaban aquí de paso.

“Nosotros venimos de Michoacán, habíamos venido a hacer unas compras pero donde estamos hospedados tembló muy fuerte y decidimos salirnos, por el mercado Mixcalco, se desprendió un edificio y por eso estamos saliéndonos de ahí, somos como ocho y tres niños”.

Entraron con cobija en mano, algunos sólo con lo que traían puesto, también hubo padres que lograron sacar la carreola del bebe o una mochilas con lo que dijeron era lo indispensable. Se han acostumbrado a compartir un sanitario o bañarse en grupos, dormir en ocasiones separados los hombres de sus esposas e hijos, y sí, se les cuela el frío y una que otra gota de lluvia porque el techo no es perfecto, pero afirman lo bueno es que siguen con vida y en un lugar hasta el momento seguro.

El primer día durmieron alrededor de 40 personas, ahora rebasa las cien que por las mañanas se reduce a poco menos de la mitad. Es Marcela Espino, empleada de la delegación y colaboradora del albergue.

“Tenemos un horario a partir de las nueve de la noche empiezan, se empiezan a colocar las colchonetas, van llegando porque mucha gente está damnificada pero gracias a Dios tienen trabajo entonces salen a trabajar y regresan no a comer sino a cenar, entonces empezamos la parte de habilitar esta área como dormitorio”.

Mientras el lobby se transforma en un lugar despejado de día y dormitorio de noche. Cada mañana las mujeres buscan colaborar en las otras dos zonas de descanso. El gimnasio que tiene maquinas de pesas orilladas y una que otra bici fija que llegan a ocupar para distraerse, eso sí, también limpian y tienden las colchonetas que ocupa su familia.

“Mi nombre es Irma Barajas Sánchez, somos seis, tres nietos, un hijo mi esposo y yo. Nosotros vivíamos en un taller donde se hace Zapato, se cuarteó, la gente que nos apoya o la gente que viene a apoyar aquí, tratan a uno muy bien la verdad, nosotros tratamos de ayudar no sólo esperar a que nos ponemos a barrer, a limpiar los baños”.

Subiendo la escalera en el salón de baile y aerobics, se alojan personas solas y en una pequeña oficina se improvisó un centro de cómputo para los niños.

“Ameli, hace cinco días, con mis papás, vengo de Magdalena Mixuca, vienen payasos a jugar con nosotros y cuando no hay nada que hacer vengo a las computadoras a meterme a mi face. En realidad pues la pared se cayó y el techo se dobló, pues nos regalan barbies, pelotas, juegos de mesa”.

Aquí también se alojan extranjeros que vivían en otras partes del país que ya están pensando en quedarse en la capital del país.

“Santos Hernández, soy de Honduras pero he vivido en Monterrey, se me ocurrió la ocasión que salieron de vacaciones mis niños y me dirigía hacia Honduras, cuando pasó esto yo estaba en la calle con mi familia pues andaba pidiéndole dinero a la gente para que me apoyara con el pasaje, cuando pasó eso nos fuimos a la Central pero ya cuando llegamos estaba cerrado todo porque ahí se cayeron unos vidrios y se rajó un edificio, ya estoy en México ya a Honduras no me quiero ir, estoy arreglando todo para irme a Monterrey porque ahí tengo trabajo pero me gustó el DF y estamos pensando si nos podemos regresar pa´ca”.

El salón de artes marciales se ha transformado en bodega. Sobre el ring o recargados en los costales de entrenamiento se encuentran apiladas cajas con productos como leche, ropa y papel higiénico, además de pasta dental, juguetes, libros y demás. Rumbo al patio se colocó el comedor donde colabora más personal de la delegación para dar los tres tiempos de comida aunque no siempre hay suerte. Es nuevamente Marcela Espino.

“Un día tenemos así la secuencia de que recibimos desayuno comida y cena y otro nos arreglamos no? Por ejemplo ayer recibimos unos tamales junto con una comida de una escuela de gastronomía, lo que hicimos fue que separamos los tamales porque no teníamos nada para el desayuno de la mañana, hay lo básico, entonces teníamos mucho plátano, hay leche en el centro de acopio y no teníamos licuadora, entonces nos dimos a la tarea de buscar quien nos prestara la licuadora e hicimos licuado de plátano con los tamales, con café, o con té ya como quisieran”.

Y en ese comedor ya pasando la siete de la tarde-noche se encontraban tres héroes de los muchos que aseguran, llegan sólo a comer y bañarse, se trata de bomberos, médicos, rescatistas que pueden soportar todo, menos las lágrimas al recordar a la familia que hace días no abrazan.

“Soy el capitán de bomberos Ulises Cruz Gama de la escuadra de bomberos la posta, soy vecino de Santa María y estamos bajo las órdenes de protección civil de la delegación Cuauhtémoc, estamos comiendo, hacemos nuestras labores, vamos, venimos y nos vamos relevando por patrullas… desde el martes, la unidad de protección civil ahí descansamos, en las sillas y no podemos despegarnos de ahí.

-Soy el doctor César Mannuel Lazcano Medellín, vengo desde Tamaulipas en apoyo de la población, nos enfocamos a ver riesgos o daños que pudo haber causado, derrumbe, evacuaciones, dejé dos hijos, una esposa, mamá hermanos, sí”.

También hay una enfermería donde atiende un médico general, aunque fuera se colocó otro remolque donado por la demarcación que dirige Ricardo Monrea, con médicos voluntarios que han apoyado desde un dolor de cabeza, hasta uno que otro parto .

“Soy Alrnold Suarez se atienden más las emociones, se atiende pues en cierta forma diarrea, dolores de cabeza, dolor de garganta, que es lo que más hemos tenido, se pone, acaba de nacer un bebé en la Roma, no tenemos nada, no tenemos leche, no hay nada completamente, afortunadamente aquí teníamos latas, grandes de etapa 1, teníamos porta bebé, ropa para recién nacido, cobijas todo nuevo y venía un señor que vive aquí a dos cuadras se hizo disponible para llevarnos esa parte”.

Y así diariamente juegan los niños con pelotas regaladas en las canchas de fut bol, donde aún se hacen algunos arreglos, no importa el lodo, el polvo de las tardes o la llovizna, hay sonrisas, carcajadas y detrás las madres que los vigilan amorosamente mientras comentan con otras lo vivido o las urgencias en algunos hospitales. Más noche llegan los papás para descansar de la jornada laboral, se abrazan a pesar que afirman hay nerviosismo y temor que la tragedia se repita, pero también esperanza y ganas de salir, puedan tener lo que antes o por qué no, algo mejor.

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