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El silencio es lo que más se escucha...

Mientras algunos ya van en busca de la cotidianeidad, como Octavio Paz alguna vez lo dijo, otros, quizás los más, siguen en busca de la vida o de la reconciliación, acompañados del silencio

Es el Multifamiliar de Tlalpan. Además de los socorristas, voluntarios y caninos, la gente atrapada ha tenido otro gran aliado: el silencio.

Decisión estratégica, cualquier ruido podría confundirse con la respiración o latido de la persona atrapada.

Desde el camellón convertido en sala de prensa, a menos de 20 metros de la zona de desastre, se ve a los topos mexicanos y japoneses, se observa cómo bajan a los cuerpos rescatados, se platica con uno de los socorristas.

Acá, de este lado, a 20 metros de los escombros, hay también un ejército, no de militares ni de marinos, pero que se la saben para organizar los alimentos, el agua, los dulces, las medicinas; mujeres y hombres que llevan comida a los socorristas.

Mujeres y hombres de bata blanca corren de aquí para allá, sudan, acuden a atender al topo que se siente mal, al socorrista que se lastimó, al familiar que se desvaneció.

La tristeza es por la desgracia, el dolor es por las muertes… sí, pero también porque hay quienes desde la trinchera de la solidaridad creen que se pudo haber hecho más.

La sierra elimina las ramas del árbol que estorban a las labores de rescate, pero no toca las que sostienen a la bandera de México que hace honores a quienes ahí lo dan todo por el país, cualquiera que sea su situación.

En medio del gran amigo en que se ha convertido el silencio, se escucha a lo lejos el grito de un socorrista: "si hay alguien en esta estructura, grita, golpea, rasguña o llora"...

Y el silencio continúa...

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