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¿Te sientes decepcionado de ti mismo?

¿A dónde crees que ya deberías haber llegado en este momento de tu vida que aún ves muy lejos y eso te hace sentir mal?

Es normal a lo largo de la vida irnos fijando metas y expectativas acerca de nuestro ser, tu estar en el mundo. Algunas cosas habremos de lograrlas, otras no. Eso es normal. Pero cuando te pones metas que no van en línea con tus ideales las cosas empiezan a ir mal. Lo ideal sería corregir el rumbo, pero hay quien se empeña en alcanzar lo que su corazón realmente no quiere y entonces surge la decepción. Mario Guerra, tanatólogo, conferencista, business coach y psicoterapeuta, nos dirá qué hacer cuando en nuestra vida pusimos expectativas demasiado altas que aún no hemos podido cumplir y eso nos tiene sumidos en una profunda decepción personal.

¿Qué es sentirse decepcionado?

Es experimentar un estado de pesar, desilusión, tristeza y hasta enojo cuando algo que esperábamos no sucede.

¿Por qué nos decepcionamos en general?

- Porque el deseo de que algo pase nos hace olvidar que no hay obligación ni certeza en que las cosas tengan que ser como las queremos.

- Porque creamos expectativas fantasiosas sin razones objetivas ni sustento lógico para que fuera probable que sucedieran.

¿Por qué nos decepcionamos de nosotros mismos?

- Por no tener fuerza de voluntad

- Por no tener constancia o persistencia

- Por no lograr lo que se supone que tendríamos que haber logrado. Hemos creado marcadores y estándares sociales que a veces interiorizamos y que nos sirven como punto de comparación:

Hitos o marcadores de logro: Obtener un puesto laboral, casa propia, comprar un auto...

Marcadores temporales: Las grandes décadas de la vida (30, 40, 50 y 60’s) son importantes recordatorios que nos llevan a hacer un balance de metas y logros. Regularmente no estamos tan satisfechos. Por ejemplo, estar casado, tener hijos, cierta cantidad de dinero en el banco...

Marcadores de desempeño: Obtener resultados esperados de algo que se ha hecho, particularmente de nuestro papel en la vida como ser un buen padre, ser un buen hijo, ser una buena persona o ser feliz.

Marcadores de reconocimiento: Obtener respeto, estatus, reconocimiento familiar o social, dejar de ser hijo para convertirse en patriarca y saberse querido, admirado o que somos motivo de orgullo familiar y no de vergüenza.

¿Qué efectos causa sentirse decepcionado de uno mismo?

- Vergüenza: Por no ser la persona que crees que deberías ser en vez de la que eres. Por sentir que eres una decepción para los tuyos.

- Auto desprecio: Por haberle fallado a los que más confiaban en ti.

- Enojo: Por no haber tenido la fuerza suficiente para lograr más o vivir mejor. Por haber lastimado a los tuyos con tu actuar o desperdiciado tu vida o salud.

- Auto castigo: Este es un elemento muy importante, porque justo cuando te sientes tan mal por haber “fallado” es cuando más mal te tratas.

- Depresión: Esta va muy de la mano de la desesperanza. La creencia de que hagas lo que hagas no puedes o ya es demasiado tarde para compensar lo que hiciste mal. Caes en un estado de indefensión y pasividad tóxica.

- Auto exilio: Esta es la cúspide del castigo. Te alejas de lo poco que ya te daba placer; de los tuyos. Te abandonas, abandonas tus sueños y en un caso extremo, hasta la vida misma.

¿Qué podemos hacer?

- Revisar: Si esas expectativas eran genuinamente tuyas, no lo eran pero las interiorizaste o nunca lo fueron y crees que debiste alcanzarlas por temor al qué dirán, al rechazo, a defraudar o fracasar.

- Dimensionar lo que esperábamos de nosotros para valorar qué tan viable era y qué renuncias y sacrificios hubiésemos tenido que hacer para alcanzar esas metas supuestamente ideales.

- Reconocer: Nuestra condición humana y sus limitaciones.

- Reparar si es posible.

- Ser generoso, pero no complaciente

- Conócete más a fondo: Cuáles son tus verdaderas metas, sueños y deseos, sin que eso te dañe, dañe a otros o dañe a tu entorno. Analiza por qué no eres perseverante con algo o por qué no puedes dejar eso que sabes que te hace mal.

Coloca tus metas a una distancia que puedes llegar a ellas para volverlas a arrojar cada vez un poco más adelante.

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