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Shock: La forma congelada del miedo

El Shock es más común de lo que pensamos, y nos pega de formas tan profundas que afecta nuestra psicología

Entender acerca del shock, ayuda a darte cuenta de cómo adentro de ti hay una profunda grieta, separación entre esa parte que es altamente funcional, intensa, enfocada, energética y competente y otra parte que está como congelada, paralizada, ida y colapsada. Y estas dos partes normalmente no tienen una buena relación entre sí. La parte energética, movida es sumamente impaciente y enjuiciadora con la parte congelada y aterrada. Y, por otro lado, la parte congelada no confía en el impulso de la parte fuerte. Aura Medina de Wit, psicoterapeuta e instructora de meditación, nos comenta más sobre lo que debes saber acerca del Shock.

Antes de saber que llevamos este shock, o miedo congelado en nuestro sistema nervioso, pensamos que hay algo muy defectuoso con nosotros: que somos cobardes, incapaces de asumir el poder en situaciones difíciles o abrumadoras, que nos sentimos incapaces de manejar la presión, y de enfrentar con personas que estén enojadas con nosotros.

El Shock es más común de lo que pensamos, y nos pega de formas tan profundas que afecta nuestra psicología, la forma en que nuestro cuerpo reacciona al exterior, nuestros pensamientos. Dentro de los síntomas más comunes tenemos: no poder pensar, no poder sentir, no poder movernos y no poder hablar. Cuando surge, la mayoría quisiera ser capaz de funcionar normalmente, pero el shock es más poderoso que nuestra voluntad de no sufrirlo, entre más nos presionamos o juzgamos, más entramos en shock. Además, existen muchas fuentes o “disparadores del shock” entre los principales se encuentran: la violencia abierta o cubierta, presión y expectativas, rechazos, pérdidas profundas o abandono, juicios o críticas, mensajes dobles, conducta irracional, impredecible o histérica.

Por otro lado, el shock o trauma afectan nuestros centros de energía y causa confusión en esa área de nuestra vida. Por ejemplo, podemos tener un Shock Sexual que afecta profundamente nuestra habilidad de sentir y abrir nuestra sexualidad. Los traumas de la infancia, particularmente el abuso sexual, están frecuentemente escondidos en nuestro inconsciente y pueden llenarnos de un miedo tremendo cada vez que somos confrontados con una situación sexual y pueden causar problemas relacionados con el orgasmo, penetración, ansiedad de desempeño, eyaculación precoz e impotencia, etc. Otros tipos de shock suelen ser: el miedo de sobrevivencia, trauma de abandono, trauma del plexo solar, shock en el corazón, trauma de la garganta, etc.

El regalo de compasión hacia nosotros

No hay forma de convencernos de salirnos del shock una vez que este ha sido detonado, muchos de nosotros hemos experimentado la frustración de ver nuestro desempeño deteriorarse, ver cómo nos saboteamos y no poder hacer nada al respecto. Lo único que podemos hacer es reconocer que estamos en shock y ser sensibles a lo que pasa en nosotros. Necesitas saber cómo se siente en tu cuerpo y darte cuenta de que ese sentimiento o sensación es shock. Cuando llega, lo único que puedes hacer es detenerte, sentirlo, aceptarlo, observar que lo detonó. Respirar suavemente, darte tiempo, salir a caminar, retirarte de lo que lo haya causado.

Para trabajar tu shock, enfócate en las siguientes cosas:

¿Cómo afecta tu vida hoy y cuáles son tus síntomas de shock? ¿Qué detona tu shock? ¿Qué juicios surgen acerca de ti estando en shock? ¿Cómo lo compensas?

Sugerimos como ejercicio, hacer una lista de tus propios síntomas de shock y descubrir cuáles son tus detonadores. Escribe las actividades, personas y cosas que te ayudan a calmarte.

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