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Así las cosas


Gabriela Warkentin y Javier Risco

Martha Debayle en W

Martha Debayle

Lunes a Viernes 10:00 a.m. - 13:00 p.m.

¿Cómo sobrevivir a los enojos con tus hijos?

Aunque se intente ser paciente y comprensivo, inevitablemente en algún momento llegaremos a nuestro límite y explotaremos

 Los niños pueden actuar de forma irritante y desquiciar a sus padres. Aunque se intente ser paciente y comprensivo, inevitablemente en algún momento llegaremos a nuestro límite y explotaremos. El problema es que durante nuestra infancia no nos enseñaron a lidiar con el enojo como un hecho de la vida. Se nos hizo sentir culpables por enojarnos y malos por expresarlo y que estar enojado es equivalente a ser mala persona.

Los padres no sentimos amor cuando estamos enojados. Podremos decir cosas hirientes y luego llenos de remordimiento decir lo contrario. Las palabras tienen el poder de construir y llenar de vitalidad, o de asustar y devastar.

Nos gusta creer que la paciencia es una virtud, pero ¿lo es? No si exige que finjamos que estamos calmados cuando nos sentimos alterados, cuando nos obligamos a no actuar de la manera que sentimos, cuando nuestra conducta oculta nuestros verdaderos sentimientos en lugar de reflejarlos.

Con nuestros hijos tratamos de ser pacientes, de hecho tan pacientes que tarde o temprano explotaremos. El enojo, como una simple gripa, es un problema recurrente. No nos gusta pero no podemos ignorarlo. Lo que se requiere y lo que los niños necesitan es una respuesta congruente. Quieren escuchar palabras que reflejen los verdaderos sentimientos de sus padres.

Una forma muy frecuente en que los hijos se protegen a sí mismos del enojo de sus padres es lanzando una de las acusaciones más poderosas: “Tú no me amas” y tú gritas “pero, ¡claro que te amo!” en un tono tan enojado que no es creíble lo que dices. Cuando los niños invocan o mencionan el amor durante un momento de enojo de sus padres, pondrán a sus padres a la defensiva, moviendo astutamente el foco de atención de sí mismo hacia la madre o padre.

Sólo los padres que se dan a sí mismos el permiso de no ser amorosos cuando están enojados podrán responder a esta acusación del hijo sin ponerse a la defensiva: “este no es un buen momento para hablar de amor, pero sí para hablar de lo que me enojó y de lo que tú hiciste”.

LO IMPORTANTE ES QUE LOS HIJOS APRENDAN QUE EL ENOJO NO CONDUCIRÁ AL ABANDONO.

Que la pérdida de sentimientos amorosos es temporal y que reaparecerá tan pronto el enojo desaparezca.

Cuando nos salimos de nuestras casillas, actuamos como si hubiéramos perdido la cordura. Decimos y hacemos cosas a nuestros hijos que incluso dudaríamos en infligir a nuestros enemigos. Gritamos, insultamos y atacamos. Cuando la escena termina, nos sentimos culpables y solemnemente nos proponemos nunca repetir el numerito. Pero el enojo golpea nuevamente destruyendo nuestras buenas intenciones, arremetiendo nuevamente contra aquellos a quienes hemos dedicado nuestra vida y nuestro trabajo.

Estas buenas intenciones son peores e inútiles, ya que el enojo como los huracanes, son un hecho de la vida que debe ser reconocido y para lo cual debemos estar preparados.

Un hogar pacífico o un mundo pacífico no depende de un repentino cambio en la naturaleza humana, depende de procedimientos deliberados que metódicamente reduzcan las tensiones antes de que conduzcan a explosiones. Los padres emocionalmente sanos no son santos. Son conscientes de su enojo y lo toman en cuenta.

Puedes expresar tu enojo sin insultar a su hija, sin traer a colación viejos agravios o reabrir viejas discusiones, sin insultos y sin ponerle adjetivos o etiquetas negativas. Puedes describir cómo te sientes y lo que se necesita hacer en el futuro para evitar la situación. HAY LUGAR PARA EL ENOJO DE LOS PADRES EN LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS. De hecho, no enojarse en ciertos momentos puede conducir a los hijos hacia la indiferencia, no a las buenas acciones. No se trata que tengan que aguantar tu furia o tu violencia, sino que puedan entender que el enojo dice: “hay un límite a mi tolerancia”.

Tres pasos para la supervivencia

Con el fin de prepararnos en tiempos de paz para lidiar con tiempos de estrés, debemos reconocer las siguientes verdades:

1. Aceptar el hecho de que algunas veces nos enojaremos durante el trato con los hijos.

2. Tenemos el derecho a sentir enojo sin culpa o vergüenza.

3. Exceptuando situaciones de riesgo para uno mismo, tenemos el derecho de expresar lo que uno siente. Podemos expresar nuestros sentimientos de enojo con la condición de que no ataquemos la personalidad o el carácter de nuestros hijos.

Estos supuestos deberán realizados de acuerdo a ciertos pasos:

  • El primer paso para manejar sentimientos conflictivos es identificarlos y expresarlos claramente por su nombre. Esto alertará a quien le corresponda para que corrija o tome precauciones. Siempre menciona la emoción en primera persona: “Esto ME molesta” o “ME siento enojada”
  • El segundo paso es expresar el enojo con una intensidad cada vez mayor: “ME siento enojada”, “ME siento muy enojada”, “ME siento muy, muy enojada” o “ME siento furiosa.

En ocasiones la sola mención de nuestros sentimientos (sin mayores explicaciones) detiene la mala conducta del hijo o hija en cuestión.

  • El tercer paso es expresar la razón de nuestro enojo, el estado de nuestras reacciones internas y algunas acciones que nos gustaría llevar a cabo: “Cuando veo todos los zapatos, calcetines, camisetas y sweaters tirados por todo el piso, ME enoja mucho, ME enfurece. Me dan ganas de abrir la ventana y tirar todo este relajo a la calle”.

Esto permitirá a los padres ventilar su enojo sin causar daño. Es una lección de cómo expresar enojo de forma segura. Los hijos podrán aprender que su propio enojo no es catastrófico, que puede descargarse sin destruir a nadie.

ENOJO SIN INSULTOS

Cuando los niños están muy enojados, no pueden ser alcanzados por medio de razonamientos. Cuando se está enojado, solo se responde a un bálsamo emocional.

Espejea el estado de ánimo interior, sin juzgar, acusar o tratar de ejercer la ley. Esto ayudará a modificar estados de ánimo nocivos

Costumbres que se convierten en Autogoles:

  • Amenazas: son invitaciones para repetir los actos prohibidos.
  • Sobornos: Algunos niños se portan mal a propósito para que les “paguen”.
  • Falsas promesas: las relaciones deben basarse en la confianza mutua.
  • Sarcasmo: bloquearás la comunicación.
  • Sermones: no repitas tanto lo que ya dijiste y no preguntes lo obvio o cuando ya sabes la respuesta.

Mejor: Menos es más y sentido del humor.

Este tipo de Comunicación cuidadosa tiene de fondo un profundo respeto por los hijos.