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Martha Debayle

Lunes a Viernes 10:00 a.m. - 13:00 p.m.

¿Eres el perseguidor o el distanciador en tu relación?

Suplicar por amor o temerle a un vínculo afectivo es igual de infernal. ¿En cuál de las dos quedas tú?

Una relación de pareja sana implica el acercamiento recíproco hacia la pareja, no lejos de ella o contra ella.

Cuando esto no es así, se asumen roles disfuncionales en donde uno necesita más conexión y presencia emocional y el otro se empeña en mantener una distancia que lo haga sentir seguro o menos amenazado.

Esta dinámica es altamente dañina para la relación, porque uno parece que suplica o exige amor y el otro ya no encuentra la salida de esa actitud persecutora que le asfixia.

¿De dónde viene eso del “perseguidor” y el “distanciador”?

El Dr. Les Greenberg, profesor de psicología de la U. de York, en Toronto, Canadá y Director del Centro de Investigación en Psicoterapia de la misma Universidad, es uno de los principales creadores de la Terapia Centrada en las Emociones y es desde este modelo que explora esta nociva dinámica de roles en la pareja donde cada uno juega un papel complementario al otro.

¿Qué son el “Perseguidor” y el “Distanciador”?

Ambos son personas que experimentan un cierto nivel de ansiedad.

Necesitan algo que sienten que no podrán obtener y fabrican razones catastrofistas para explicar por qué el otro se comporta de esa manera.

Ansiedad por abandono

  • “De seguro ya tiene a alguien más por eso no me habla”

Ansiedad por el peligro a la fusión

  • “Antes quería verme una vez a la semana, ahora ya quiere que diario nos veamos, seguro al rato me pide que nos casemos”

Estilo de pensamiento blanco – negro

  • “Como se aleja, entonces no me quiere”.
  • “Como se acerca, entonces me quiere manipular”.

El perseguidor

  • Es una persona que hace del vínculo emocional con otros su fuente de seguridad única o primaria.
  • Sus emociones son inmaduras, por lo que le resulta imposible darse tranquilidad y seguridad a sí mismo (como un bebé) y necesita del otro para obtener un estado base de tranquilidad (ni siquiera están realmente tranquilos, sino digamos que están en el margen entre la tranquilidad y la ansiedad).
  • Piensa que el otro tiene la obligación de estar siempre que lo necesita (y casi siempre lo necesita).

Su forma de actuar es reprochando con:

Palabras

  • “¿Por qué no quieres estar conmigo?”
  • “Es que tú nunca me escuchas”
  • “Nunca estás cuando más te necesito”.

Acciones

  • Chantaje emocional y berrinches.
  • Ley del hielo.
  • Espionaje y persecución.
  • Celos y acusaciones.
  • Posesividad y control.

Es el que más lo sufre emocionalmente porque la distancia lo priva de lo que siente que más necesita. Es como estar emocionalmente hambriento.

Evidentemente, y de forma paradójica, sus conductas tienden a alejar a una pareja sana (se crea la profecía autocumplida).

El distanciador

Es una persona que teme al vínculo afectivo y se escuda en el trabajo y otras actividades para justificar su distanciamiento.

  • Suele vender la idea que no necesita nada ni a nadie y presume su independencia y autosuficiencia emocional.
  • Cuando en realidad lo que suele tener es aislamiento.
  • Critica y desprecia a los que denomina como “débiles” o “dependientes” (los normales que buscan cercanía emocional de manera sana).
  • Generalmente es el que guarda más poder en la relación, porque él puede controlar de alguna forma el nivel de acercamiento emocional e intimidad que se tiene con la pareja. (siempre puede guardar silencio o evadir ciertos temas como forma de escapar de una persecución).
  • Tiende a frustrar al perseguidor.

Su estado emocional primario es el desagrado o fastidio por sentir que el otro lo acosa y no le permite tener privacidad. Es como estar emocionalmente empachado.

¿Siempre están presentes en una relación?

Muchos caemos en uno de estos dos roles en algún momento de la relación y no necesariamente por períodos prolongados.

Incluso en ocasiones podemos jugar ambos roles de manera intercambiable, dependiendo del contexto y nuestras circunstancias emocionales del momento.

Por ejemplo, si estás pasando por un momento de tristeza, tendrás normalmente a buscar mayor acercamiento hacia tu pareja.

O en ocasiones tienes un problema que quieres resolver por ti mismo y no preocupar innecesariamente a tu pareja y marcas una distancia mayor de la habitual.

Sin embargo, son roles complementarios e incluso intercambiables.

Cuando todo es sano:

  • Si buscas cercanía y tu pareja te la ofrece, no hay que perseguir.
  • Si necesitas tu espacio y tu pareja lo respeta, no hay que poner distancia.

Cuando no:

  • Mientras más persigues el otro huye más. Mientras más huyes, el otro te acosará con más fuerza.

Roles intercambiables

Te acercas emocionalmente a alguien, pero si sientes que esta persona “te pide más”, entonces te alejarás. Si te insiste, te alejarás más, pero si la persona deja de insistir y ves que hace su vida y se ocupa de sus cosas (pone distancia), entonces serás tú quien busque la cercanía de nuevo (perseguirás).

El fondo del asunto aquí es que al final, sin importar quién juegue qué rol, siempre habrá una distancia entre Ustedes (como los imanes de polos iguales que se repelen).

¿Entonces qué es lo normal?

Esto no es una cuestión de blanco – negro donde…

  • “Si yo quiero cercanía y mi pareja se aleja, entonces ya nunca jamás le vuelvo a pedir nada y ni siquiera me le acercaré”.
  • “Si yo quiero espacio y no me lo dá, entonces la solución es arrebatar esos espacios fugándome en el silencio o en actividades que me distraigan dentro de casa”.

Lo normal es que haya un nivel flexible de cercanía que satisfaga a ambos, donde no se pierda la independencia y autonomía de la persona y no haya invasiones a la privacidad.

¿Qué hacer si estoy atrapado en una relación así?

Este es de los típicos problemas de “dejar de hacer”.

Problemas que se mantienen por lo que se sigue haciendo para “solucionar”.

Dejen de culparse mutuamente por la situación

No se trata de que Ustedes cambien, sino de cambiar la dinámica nociva en la que, sin querer, ambos han caído.

  • Cada uno primero debe asumir la parte de responsabilidad que le toca en mantener esta situación y preguntarse qué podría dejar de hacer para que la dinámica fuera distinta.
  • Hablar abiertamente con la pareja de “lo que NOS está pasando” y ver a este patrón tóxico como el enemigo a vencer.
  • Recuerden que si no ponen al enemigo fuera de su relación, harán de la relación su enemigo.

Deja de aplicar el “remedio” (que nunca acaba por funcionar)

Si eres quien persigue, prueba a dar un poco más de espacio a tu pareja (recuerda no es todo o nada) y ve cómo responde a eso.

Disminuye la frecuencia y/o intensidad de los reproches, las indirectas o el chantaje.

Si eres quien pone distancia, sorprende a tu pareja siendo un poco más expresivo, enviando algún mensaje de manera más frecuente o siendo tú quien proponga una actividad o planes en conjunto.