¿Le tienes miedo al amor?

¿Quién de ustedes anhela encontrar el amor, pero tiene pánico de hacerlo? ¡Te decimos qué estás haciendo mal!

Una gran necesidad de amar y ser amados y un gran terror a que eso suceda por miedo al sufrimiento, a ser rechazados o no ser lo suficientemente buenos para una relación. ¿Por qué pasa esto? ¿De dónde viene ese terror?

¿Qué es la filofobia?

Es un trastorno de ansiedad.

Es el miedo a vincularse emocionalmente con alguien, especialmente miedo a enamorarse.

Son personas que, estando en constante deseo, necesidad y búsqueda del amor, tienen terror a que este se presente en sus vidas por temor a ser lastimados o a lastimar.

¿Por qué pasa?

Crianza deficiente

Especialmente cuando uno de los padres transmite sus miedos o sentimientos de vivencias románticas frustradas.

Donde se le enseñó a la persona que enamorarse era malo, que las relaciones son pecado o que todos los que te aman te traicionan.

Experiencias previas

Especialmente en separaciones, divorcios o infidelidades que tuvieron desenlaces traumáticos o dramáticos.

Miedo a perder la autonomía.

Es un pensamiento fantasioso y paranoico donde se cree que una pareja controlará nuestras vidas y que no podremos hacer nada para evitarlo.

Problemas en la infancia

Aunque no hay una teoría unificada con relación el origen de la filofobia. El psicoanalista Jungiano, Guy Corneau, afirma que una madre presente y aprehensiva y un padre físicamente ausente y emocionalmente distante son el caldo de cultivo perfecto para la filofobia

Masculina. La ausencia de la pareja hacen que la mujer tenga un “matrimonio simbólico” haciendo que el hijo varón reemplace a la pareja perdida. La ausencia de un modelo masculino y la imposibilidad de salir de la órbita de una madre absorbente hace que en sus futuras relaciones vea a sus potenciales parejas como su madre y el miedo al incesto lo haga alejarse del amor. Puede tener sexo con mujeres, pero no puede amarles por temor a traicionar a su madre.

Bajo el mismo esquema de madre intrusiva y padre ausente, la mujer no se acepta por quien es sino como cree que debe ser para agradar a los demás. O termina siendo la eterna adolescente para satisfacer a la figura del padre (pero de un padre no puede enamorarse) o se convierte a una Amazona que no necesita el amor de los hombres para ser feliz por su fortaleza e independencia.

¿Cómo se comporta alguien que la padece?

No siempre son síntomas muy notorios. No toda persona sale corriendo, sino que desarrolla estrategias para mantenerse a “salvo”.

Negación de necesidades: “Estoy mejor así”.

Evitación de personas que le atraen o que demuestran un interés romántico hacia ella. De lugares donde potencialmente pudiera estar en situaciones “de riesgo” (cine, cena, reunión, etc.)

Defensas altas donde muestras superioridad al no dejarse vencer por los sentimientos y viendo como débiles a quienes se enamoran.

Pueden mostrarse seductoras, pero de inmediato alejarán a las personas que se aproximen con fines románticos.

Ataques de ansiedad si perciben que están en riesgo de vincularse emocionalmente a alguien o ante la sola idea de que eso pase.

Pensamientos intrusivos que le dicen que nunca será suficiente para nadie, que no es digno de amar o ser amado o que seguramente será lastimado en cuanto ame.

¿Que problemas causa?

Relaciones de control.

Donde la persona se mantiene en una posición de superioridad, alta racionalización y distanciamiento emocional, para ejercer un control psicológico rígido sobre sus relaciones.

Relaciones superficiales.

Con personas con las que sabe que no puede haber un vínculo duradero (personas casadas, prostitutas, relaciones casuales, etc).

A veces pueden empezar de manera normal una relación, pero al sentir que empiezan a involucrarse huyen de inmediato.

Relaciones platónicas

Con personas “inalcanzables” que nunca conocerá o que, si conoce, sabe que nunca le van a mirar de manera romántica (pero si lo llegaran a hacer, la persona “afectada” huiría sin dar mayor explicación).

Aquí es más probable el mencionado miedo al incesto.

Disfunciones sexuales.

Al someter el deseo a una fuerte represión, la persona puede experimentar disfunción eréctil, eyaculación precoz, anorgasmia o frigidez.

Frustración y depresión.

Al haber deseo, aunque sea inconsciente, y reprimirse la satisfacción de necesidades, la persona vive en un estado de carencia y aislamiento emocional que lo pueden conducir a estados depresivos.

¿Qué hacer si se tiene?

Reconocer que se tiene un problema.

Buscar recolocar simbólicamente a las figuras parentales como independientes de sí mismo para dejar de sentirse como una extensión de ellas.

Humanizar a estas figuras. Ni adorarlas, ni odiarlas, sino integrarlas a la línea de la vida en sus lugares respectivos como personas, no dioses o demonios.

Buscar ayuda profesional individual o en grupo.

Uno suele aceptar sólo el amor que cree merecer

 

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