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Salud

Cuando tengas duda de cómo actuar, apuesta por tu dignidad

Mario Guerra afirma que las relaciones tienen un delicado balance entre dar y recibir en términos de equidad, pero que cuando esto no pasa nos debemos preguntar si debemos seguir o no

¿Es lo mismo dignidad que respeto?

La dignidad es nuestro valor inherente como seres vivos. Todos nacemos con ella y es parte de nuestra identidad.

No depende de la capacidad de otro para apreciarla.

El respeto es otorgado por otro, generalmente porque y generalmente va ligado a nuestras acciones.

Alguien podría no respetar la dignidad de alguien, pero la dignidad no se pierde por eso.

¿Por qué es importante para las relaciones?

Porque es la base de la empatía y la resiliencia.

Reconocer que todo ser vivo es valioso por el hecho de serlo fija en sí mismo una frontera natural para sostener relaciones sanas.

Pensar cómo se siente uno mismo cuando le faltan al respeto o es humillado nos debería impedir provocar el mismo sufrimiento en otros.

Porque sentirse bien con uno mismo, con integridad y una buena autoestima nos ayuda a tener recursos para afrontar problemas, resolver conflictos y mejorar nuestras relaciones.

¿Alguien puede quitarnos la dignidad?

No. Alguien podría tratarnos de manera irrespetuosa, pero nuestra dignidad siempre está en nuestras manos

El problema es que, bajo ciertas condiciones, alguien sí podría entregarla a otros, perdiendo el sentido de identidad al permitir humillaciones o traicionar nuestros principios.

Formas de entregar nuestra dignidad

Perseguir o acosar a quien no quiere estar contigo.

Insistiendo o suplicando, incluso aún y cuando:

No te contesta los mensajes, no le importa cómo estás, no corresponde a tus atenciones o simplemente no hace nada por verte o al menos buscarte.

Quizá alguien que no quiere estar contigo no te lo dice con palabras, pero sus acciones te gritan con claridad que ahí hay lo que hay.

Dejar de ser tú para que otro te acepte o le agrades.

Especialmente cuando alguien quiere controlar tu forma de comportarte, vestir, hablar, tus amistades y los lugares a los que vas.

Aceptar situaciones que te hacen vivir una vida incompleta.

Ser amante de alguien, soportar a un jefe que no te aprecia o respeta, sacrificar tus necesidades o metas para la realización de otro (abnegación).

Dejas tus compromisos, inviertes tu tiempo, gastas tu dinero, entregas tus expectativas a otro que ni siquiera te trata con respeto o lo hace con frialdad.

Soportar humillaciones, insultos, agresiones o abusos sin poner límites y renegociar la relación.

Como cuando alguien minimiza o ridiculiza tus opiniones y puntos de vista y tú mejor te callas o hasta le das la razón al otro por miedo.

Amenazas constantes de abandono o castigos.

Aceptar algo denigrante a cambio de algo.

Dinero, compañía, migajas de cariño...

Quedarte en un trabajo donde te tratan mal porque necesitas el dinero.

Callar tu voz ante un abuso o injusticia con tal de “llevar la fiesta en paz”.

Especialmente cuando otros te hacen ver un mal trato y tú lo justificas con un “no es para tanto”, “ya me prometió que va a cambiar” o “en realidad no me importa porque le quiero”.

Bueno, pero a veces entregar un poquito de la dignidad no es tan malo, ¿o si?

¿Cuántas veces tiene que violarte, golpearte, escupirte en la cara para que llegues al límite de lo inaceptable?

¿Cuánto tiempo entregarias a tu hijo a un agresor para que importe?

¿Por cuánto tiempo permitirías que torturaran a tu madre antes de poner un límite?

Ante las transgresiones a nuestra dignidad no debería haber una segunda oportunidad.

Formas de reaccionar cuando alguien atenta contra nuestra dignidad.

Vergüenza

Callamos el enojo, ocultamos la frustración, minimizamos el hecho y lo ocultamos todo a los ojos de los demás. No queremos que nadie se entere todo lo que somos capaces de tolerar sin hacer nada.

Orgullo

Te coloca en una supuesta posición de invulnerabilidad y superioridad sobre el agresor. Te dices que lo que te ha hecho no te afecta y lo tratas con el “látigo de tu desprecio”. Le aplicas la ley del hielo o algo parecido.

Arrogancia

En este caso brincas del pensamiento a la acción. No sólo te te dices que lo que te hizo no te afecta porque tú eres superior, sino que te ocupas de decirlo o demostrarlo con algún gesto de desprecio (echar los ojos arriba).

Puedes dar un mini discurso de ética, moral, valores, etc., que nadie te ha pedido y que en nada sirve al que no quiere escucharte.

Le devuelves una humillación o le faltas al respeto “para que aprenda”

Venganza

Emprendes acciones concretas para que el otro “pague” sus acciones, aunque a veces el otro ni está enterado del por qué de tu actuar o lo que haces en nada se relaciona con la ofensa y no se busca renegociar o reparar nada, sino que el otro la pague y ya.

Por ejemplo cuando alguien te se burla de ti enfrente de otros y tú en “venganza” le cierras la puerta del elevador cuando va a subirse, empiezas a hablar mal de él con tus conocidos o le escondes el celular.

Esta respuesta generalmente se da en un estado de impulsividad, inmadurez emocional y cuando hay un sentimiento de que la vida nos debe un trato especial y que toda oposición a lo que yo me creo merecedor debe ser castigada como una osadía.

Antes de pasar a la venganza, si es el caso, nunca olvides que el otro pudo haberte tratado de la peor manera, pero tú de alguna manera lo permitiste al haber ignorado señales o haberte hecho tan dependiente del otro.

Desplazamiento

Cualquiera de las anteriores pero aplicada a una persona que ni vela tiene en el entierro, pero que es más fácil tratar mal porque tiene menos poder que el verdadero agresor.

Esto evidentemente genera una cadena de resentimiento y en nada cambia las condiciones de nuestras relaciones, ni pone límite al maltrato recibido.

“No busco quien me la hizo, sino quien me la pague”.

Indignación

Sentimiento de intenso enfado que provoca un acto que se considera injusto, ofensivo o perjudicial.

Esto no necesariamente mueve a la acción, sólo al malestar.

“¿Cómo te atreves a tratarme así?”, sería una pregunta callada.

Dignidad

Movida por un sentimiento de indignación, la respuesta de dignidad implica:

Exponer la acción o actitud que te ha lastimado.

Manifestar la inconformidad de manera clara.

Establecer como eso causó un daño.

Fijar nuevos límites inmediatos.

Renegociar la relación o darla por terminada.

Esto no tendría porque implicar una hostilidad como respuesta, sino una acción en consecuencia del trato recibido.

Cuando tengas duda de cómo actuar o qué decidir, siempre apuesta por tu dignidad

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