Siete actitudes de mamá que arruinan tu vida

Mario Guerra, psicoterapeuta y tanatólogo, habla de cómo lidiar con aquella creencia distorsionada de lo que es ser una “buena madre"

El culto a la madre en MX impide muchas veces ver el dañino rol que algunas de ellas ejercen sobre sus hijos, no ante la falta de amor, sino ante una distorsionada creencia de lo que es ser una “buena madre”.

La ardida

 

  • Te habla mal de quien sea, pero especialmente de tu padre.
  • Principalmente porque se fue

(Habla de su marido, no del padre, que de él uno hace su propio juicio).

 ¿Por qué es malo?

  • Porque puede ser una historia sesgada y llena de resentimiento, especialmente cuando se convierte en una cantaleta de años.
  • Esto se cuenta una vez, cuando los hijos tienen edad de comprenderlo y se les deja en libertad de hacerse un juicio propio.

 La mártir

  • Te cuenta su sufrimiento al tenerte para buscar tu “lealtad” (obediencia).
  • Quiere pasarte la estafeta de mártir e implícitamente te pide la tomes
  • Algunas incluso suelen utilizar un “uniforme” muy característico que consiste en un chaleco (que le alivie el dolor de los pulmones, aunque no haga frío) o un delantal (para denotar su eterno sacrificio). Otras simplemente con un gesto perpetuo de sufrimiento, o unas manos temblorosas, tienen para distinguirse.

La que todo lo hace por tu bien

  • Estas madres sostienen que “la letra con sangre entra”, que “quien bien te quiere te hará sufrir” y que “esto me duele más a mí que a ti, pero un día me lo vas a agradecer”.
  •  Son madres que prefieren hacer a sus hijos personas “de bien” antes que verlos felices.
  •  Otra modalidad es la que dice “no me quedó de otra” cuando permitió que te sucedieran cosas (quizá muy malas) que no “pudo” impedir.
  • Incluso aquí entran madres ausentes que renunciaron a cuidarte por causas “ajenas a su voluntad”.
  • Si se les compra su historia, acabarás por pensar que el sufrimiento y maltrato que recibas en el futuro siempre es “por tu bien” o incluso quizá nunca encuentres paz interior al desarrollar una personalidad escindida.

 La del doble mensaje

  • Quizá la más tóxica de todas.
  • Te hunde la autoestima, pero luego te dice que te quiere. O te dice que te quiere para luego hundirte la autoestima.
  • Si aceptas su “amor” bajo esta circunstancia, estarás aceptando que tiene razón en lo que dice que eres. Si no, entonces eres encima un malagradecido con la única mujer que, a pesar de la escoria que eres, dice amarte de manera “incondicional”.
  • Muchas se disfrazan de madres sobreprotectoras.
  • El mensaje es muy parecido: que tú no puedes hacer nada por tí mismo, pero para eso está ella, para paliar tus “eternas carencias” y cubrirte con su “manto de amor”.
  • Se combina con su supuesta perfección diciéndote que ella, o tu papá, nunca te dieron ejemplos así.

La mamaraña

  • Es la que te ve como una extensión de ella misma, difuminando tu identidad.
  • Suele presentarse más en la relación madre-hija.
  • No hay límites entre tú y ella.
  • Te demanda ser parte de tus logros (los que sean) y sus beneficios.
  • Se cuelan en tu vida como la humedad, queriendo convivir con tus amigos y siendo tan jovial como tú.
  • Puede mimetizar tu forma de vestir, de arreglarte y hasta tu forma de hablar y algunas incluso se quedan con tu novio.
  • Si ya no vives con ella te llama diario, nomás para ver “qué estás haciendo”.
  • Siempre sabe mejor que tú qué es lo que te conviene (que en realidad es lo que a ella le conviene o la idea de lo que cree que a ella misma le hubiera convenido).
  • Se convierte en una madre “vicaria”, quiere vivir su incompleta vida a través de ti.
  • Suele también ser una madre sin pareja y la hija una hija única.

La fallida

  • La que nunca pudo transformar tu ansiedad infantil en tranquilidad. Nunca supo identificar tus necesidades ni supo consolarte en realidad.
  •  La que no pudo conseguir que fueras, quizá a tus 35 años, un ser independiente, autosuficiente y feliz.
  •  Por supuesto que se aman y ambos dan la vida por cada uno, pero sigues viviendo con ella, no tienes para cuando hacer nada provechoso de tu vida y tú ya te acomodaste ahí.
  • Ella, por su parte, está feliz de que su angelito está a salvo de las lagartonas del mundo y de que no tenga que pasar hambre y frío en un mundo cruel con los querubines como tú.
  • Generalmente estas madres o no tienen pareja, o si la tienen anda un poco por las mismas, pues eligen a seres dependientes afectiva y/o económicamente de ellas.

La madre eterna

  • Esta se da más en la relación “madre - hijo”.
  • Aún casado y con pareja quiere seguirte cuidando y alimentando, muchas veces bajo el argumento que tu pareja parece que no te quiere por lo flaco y desaliñado que andas.
  • A diferencia de la “mamaraña” no se mimetiza contigo, pero no te quiere soltar o por miedo a quedarse sola (muchas veces es también una mujer sin pareja y tú su único o favorito hijo).
  • Algunas actúan por culpas acerca de abandonos en la infancia y quieren compensar.
  •  Te sigue tratando como niño. Ya lo notabas desde la secundaria cuando se “quedaba por ahí” varias horas porque “no se te fuera a ofrecerte algo”.
  • Es muy servicial y cariñosa, pero si eso lo siguió haciendo en la prepa, la carrera y ahora en tu chamba te sigue llamando para recordarte lo del “no circula” o preguntarte si “ya comiste”.
  • Ella siempre quiso que el mundo se adaptara a ti, para que tú nunca tuvieras que adaptarte al mundo.
  • Y a veces lo consiguen y crean hombres con mamitis.

Conclusión...

  1. Una madre que de verdad ama, cuida, confía y va otorgando no sólo guía, sino reconocimiento, libertad y permite que un hijo o hija se desarrolle.
  2. Sabe que los hijos habrán de marcharse, pero que el vínculo no termina.
  3. Nunca sacrifican la felicidad por la perfección.
  4. Son capaces de vivir su vida como mujeres independientes, autosuficientes y felices. Tal como lo deben hacer con sus propios hijos.

Cargando