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FIL GUADALAJARA 31

Asesinato en el parque de Sinaloa de Élmer Mendoza

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Por: Patrcia Sánchez

Contar historias con la misma temática pero cada una diferente, de un género llamativo por los actores y lo que ellos realizan, la violencia, inseguridad y narcotráfico de un estado como Sinaloa despiertan la atención del lector, siempre y cuando se cuente de una forma dulce a pesar de lo duro que puede ser el crimen, dulce para que enganche a la gente y eso es lo que logra Élmer Mendoza en cada novela negra que escribe, él así lo explica “yo creo que la literatura es otra cosa es otro código y la clave de la literatura es la presentación es la recreación, y bueno sí estamos partiendo de una realidad digamos tan lacerante, tan violent,a tan inconveniente como la que se vive, el peor error que yo podría cometer era transcribirla como tal, mi aspiración de toda la vida es crear aprender códigos para contar una historia con mis propios códigos”.

Hace referencia a los periodistas que llevan la crónica valiente del crimen que pagan con la vida como Javier Valdez.

No solo es contar el hecho, si no ir al fondo de las cosas, ahora con “Asesinato en el parque de Sinaloa” ese es el cometido, ir más allá no quedarse en el crimen. Mendoza resalta la importancia de los lugares que se convierten en personajes, que tienen personalidad y los recuerdos que se plasman, las formas de vivir, de comer y todo lo que ocurre en cada sitio.

La novela negra seduce por la estética de la narrativa a pesar de la violencia, la intención de contar para provocar, por ello cada novela es distinta “una de las cosas que tengo claro es eso, que cada novela tiene que ser distinta, trabajo la matriz sobre la novela de crimen, cuento la anécdota pero desde ahí la empiezo a trabajar para que sea diferente, todas las novelas las voy a escribir como si fuera la primera, recuperar esa frescura” dice Élmer, trabajo que le lleva dos años, con el ojo crítico de su esposa que en cada obra sin duda estará el toque femenino al aportar ideas, nombres, hasta marcas y productos, una crítica necesaria de revisión al texto.

Con episodios constantes de 50 minutos durante el día es como Élmer Mendoza escribe sus novelas, es poco a poco el trabajo que dice “no se hacen solas” revisa cada detalle palabras, puntuación, romper un tema para pasar a otro y para llegar al momento mágico de intimidad, para que al final el lector sienta la historia.

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